Lunes 26 de Junio de 2017    

Honor a los soldados de Malvinas. Repudio eterno a su comando

Jueves, junio 15, 2017
Por Marcelo Zanotti
La mayoría de lols soldados en imagen, haciendo el claro soplo de aliento entre sus manos con la intención de calentarlas un mínimo, en medio del hostil clima frío y ventoso.

La mayoría de lols soldados en imagen, haciendo el claro soplo de aliento entre sus manos con la intención de calentarlas un mínimo, en medio del hostil clima frío y ventoso de las islas.

Ayer se recordaron los 35 años de la capitulación del ejercito argentino en la Guerra de la Malvinas. A ese acto se lo quiso presentar de mil maneras diferentes, pero no se trató de ninguna otra cosa que no fuera una rendición. Como los jefes del ejército que se rendían eran argentinos, algo degradante tenía que haber en juego.

14 de Junio de 1982. Día de los jóvenes argentinos que, con mínimos conocimientos de acción militar, fueron señalados como perdedores de una guerra a la que enviaron obligados -en nombre de un concepto mentiroso, hipócrita y esclavizante llamado “Patria”- por personas tan asquerosas que, detentando un poder profundamente indigno, los escondieron para ser ellos señalados -descubiertos, ya estaban- por la sociedad como los verdaderos constructores de una vergüenza que manchará sus apellidos hasta decenas de generaciones de descendientes.

Y no es que con brindarle honores tardíos a los argentinos Clase 1962 enviados putamente a la muerte, la sociedad civil que les demuestra este mismo odio a esos canallas que gobernaban la Argentina, queden libres de culpa y cargo.

La hipocresía en muy grande y no afloja. Incluso la de gente preparada intelectualmente, quienes sienten “saber de política” y sabían, realmente, que en los días subsiguientes al 14 de junio de 1982 iban a regresar al continente los chicos que acababan de ser víctimas de un acto imperdonable: habían usado sus vidas en el intento de obtener una cínica opción de tapar crímenes anteriores. Se comenzaba a saber, entonces, que esos crímenes consistían en hacer desaparecer cadáveres de militantes políticos a los que fueron matando sin juicio previo en grandes cacerías urbanas, del mismo modo en que lo hacían con guerrilleros, a los que también mataban, en nombre del orden occidental que, según ellos nos debería regir a todos.

Esos mismos cobardes, que no se hicieron cargo del sus actos contra sus enemigos y se encubrieron, nada menos, que tras las entonces acomodaticias estructuras de un Estado con la Constitución maniatada para hacer lo que les viniera en gana, esos mismos, hicieron millonarias campañas de difusión para hacerle creer a un gran grupo de argentinos que esos chicos iban a las Islas Malvinas a realizar algo parecido a una expedición con sabor a aventura.

Ahora todos los puteamos pero sabemos muy bien que ostentaban un poder que podía ser devastador de cualquier aspecto de la condición humana y, por supuesto, de la vida misma. Generaba miedo. Daban miedo. Y con razon. Mataban. Dominaban a los otros. Encarcelaban. Torturaban con picana, con balde se agua, con estaqueos.

Dueños. Encumbrados. Amos. Superiores. Poseedores. Patronos. Mayores. Rectores. Sublimes

Los “inteligentes”, los analistas -que sabían que los oficiales militares argentinos, embrutecidos, devenidos más en miembros de directorios de compañias financieras que en estrategas de guerra, no estaban preparados para quedar en el bronce como algunos de sus predecesores (realmente muy pocos de ellos, tras las muerte del General San Martín)- son parte de la mierda argentina que amó lo que se imponía y luego, por el mismo motivo, criticó lo que amó.

Si no fuera por la altamente crítica situación económica de la clase media, que empeora con el paso de las décadas, más el avance de la estupidez generalizada en pos del consumo que se impone en el país y el nuevo efecto de devastación social a manos de nuevas organizaciones criminales, especialmente las del narcocomercio, la mejor medida que se podría tomar para hacer justicia con la parte que le corresponde a la sociedad argentina en el ninguneo a los combatientes de Malvinas, sería un impuesto.

Un flor de impuestazo al ojo que se hace el ciego y en la Argentina la dignidad no la pierden ni las pulgas que saltan de perro en perro.


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