Lunes 16 de julio de 2018    

Librería en liquidación

Jueves, septiembre 1, 2016
Por Redacción Diario 5
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Lunes 29 de Agosto y con lluvia. Todos querían libros baratos

Avisaron por varios medios y mucha gente se abalanzó a comprar. En realidad, en una ciudad de algunos millones de habitantes, tiene un lado reconfortante saber que el aprovechamiento de la venta de libros a 3 por $10 fue sustancialmente aprovechada por un grupo de personas que no se amilanó en hacer una larga fila desde la puerta del 108 de la calle Montevideo y que daba la vuelta por Bartolomé Mitre a través de la vereda que busca la calle Rodriguez Peña. La cola de compradores, efectivamente, cubría ese tramo.

Por otro lado, está la parte nada satisfactoria. La de ver el cierre de un comercio que, si bien no es una librería histórica de Buenos Aires, con 13 años funcionando en pleno barrio de Congreso, parte del centro de la Ciudad, es una penosa prueba que se suma a tantas que demuestran que el otrora apasionante negocio de la cultura en la Argentina trocó a una estructura enclenque, radiante en un pasad cercano y oscilante, hoy, entre sombras y luces medias.

La compra venta de libros usados fue, durante décadas, en la Ciudad de Buenos Aires, emblema de una bohemia culta, encendida en y retroalimentada en su propia energía creativa y en sus bares de 24 horas.

Ese hambre de escuchar los relatos de los viajeros o de saber dónde encontrar un artesano pudiese solucionar lo que de ninguna manera le confiaríamos a un técnico en electricidad o u plomero, podía cobrar vida en una “Librería de Viejo”, como nos enseñaron los españoles a llamar a estos comercios, cargados de un encanto que se ignora de Norte a Sur en un Supermercado o en un Cybercafé. Sin embargo, no son pocos los comercios “hermanos” de una librería anticuaria. A todo negocio establecido como de rubro único o dedicado a la venta de productos afines. Allí están, incluso, las ferreterías, las librerías/ papelerías, las peluquerías y las ópticas -entre varias decenas de otros locales tan familiares en Buenos Aires y toda la Argentina.

Se hacía de noche y aún había personas jóvenes esperando acceder a El Vitral

Se hacía de noche y aún había personas jóvenes esperando acceder a El Vitral

La parte triste del relato del cierre de un negocio, esta vez -y por suerte- se esfumó en la decisión de los dueños de El Vitral, de volcar toda la operatividad de compra-venta a través de internet, medio a través del cual ya estaban realizando compras y ventas.

Entrar a este tipo de negocios, aunque sin estar con dinero e incluso sin estar dispuestos a infringirnos un gasto, siempre abre posibilidades para todos: Hoy podremos no tener el dinero para comprar ningún ejemplar pero si no ingresamos a saber lo que hay, podría suceder que, a su vez, hoy no conozcamos -ni siquiera por su título o alguna tapa atractiva- algún posible libro del que, quizás, nos enamoremos mañana, el año que viene o cuando sea que se nos presente a nuestra vista. Si todos nos inyectáramos interés en cumplir con nosotros mismos en esa proyección, no tendríamos que estar lamentando más cierres de librerías y negocios con algún vínculo con la cultura.


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