Lunes 21 de mayo de 2018    

Recuperar empedrados

Viernes, agosto 26, 2016
Por Carlos Allo

Foto2002 Se está trabajando, en diversas aceras del casco histórico, en necesidades de múltiples orígenes de servicios, de tal modo que se ha hecho necesario el levantado de la capa de adoquines. En algunos casos se realizaron estas operaciones por cuanta y orden de Aysa y otros por la necesidad de mejorar el alineamiento de las piezas que, desde las tres últimas oportunidades en que fueron levantadas, nunca lograron restablecer esa sensación de calce perfecto que ostentaban hasta los años 80.

Estados Unidos, Carlos Calvo, Pasaje San Lorenzo, pasaje Giuffra, Balcarce, Defensa, Humberto Iº, Chile y México han sido las arterias más recurrentes en este tipo de procesos. Son, en definitiva, las que conforman el corazón del barrio de San Telmo, el área del que alguien, alguna vez y hace ya unas décadas, comprendió que no podían perder la condición de especiales y que debían ser el reflejo de una Buenos Aires que, cuando esas piezas engalanaron el paisaje por primera vez, nadie, quizás, pensó que debían quedar allí para siempre. La aclaración es válida (lo de “alguien”, alguna vez) ya que recién en la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires de los tiempos del reinicio de la Democracia y bajo las gestiones de Julio César Saguier, intendente designado en 1983 por el entonces presidente Raúl Alfonsìn y su sucesor, Facundo Suárez Lastra, se decidió la recuperación de los adoquinados que, en algunas calles históricas, habían sido tapados, en tiempos de la dictadura, directamente con una capa de cinta asfáltica.

Foto2003El trabajo en calles con adoquines requiere de una dedicación tan especial que, en caso de estar ausente, realmente puede llegar a dejar traslucir un dejo de desprolijidad o, a lo sumo, de falta de profesionalismo. No es sencillo conseguir el ordenamiento de los cubos de granito de tal modo que la terminación de la calle quede en un plano superficial parejo en todas sus dimensiones. De hecho, en Italia, el oficio tuvo una valoración tan importante a fines del Siglo XIX, que los más destacados en la actividad eran requeridos desde diferentes ciudades, una que en alguna de ellas hayan demostrado su capacidad.

Algo es algo. Tenemos empedrado. Si bien resulta difícil conseguir la lisura del entramado que tuvo, por ejemplo, la Av. Cabildo hasta los 90, por lo menos hoy, los sectores de la ciudad que reciben a miles de visitantes que quieren conocer y ver de cerca algunos de los rincones que inspiraron a los poetas del tango, no se tengan que encontrar sólo con hamburgueserías y locales de accesorios de celulares en calles de asfalto roto y abandonado, sino que, por lo menos, caminen sobre unos adoquines que simulen ser los originales que pudieron haber pisado la rubia Mireya y el Cachafaz.


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