Viernes 23 de febrero de 2018    

Notable: Jury recurre a Obama para sacudir neuronas argentas fofas

Miércoles, marzo 30, 2016
Por Redacción Diario 5

obama_y_macri1Michael Jury  puso en blanco sobre negro la historia de los 40 años pasados desde el Golpe de Estado de 1976, con una nota en formato de “carta abierta” al presidente de los Estados Unidos en el que juega  apelando en forma encubierta a la reacción del lector, presentando, bien a la vista, una critica de profundo cavado al actual y -en realidad- a todos los jefes de estado norteamericanos. Apareció en Clarín, diario en el que, a su vez, se publica el suplemento Arq, del que Jury es editor adjunto. El título es Remember the memorial, Obama! y promueve, en segundos, el necesario pensamiento que nos estamos adeudando a nosotros mismos

No sólo es imperdible, sino didáctica para quienes aún no tiene en claro ciertas diferencias entre la mirada por derechos humanos que debemos tener en la Argentina y las que se les antoja a muchos tener en cualquier otro lugar.

El periodista dice escribirle a Obama pero si no nos hacemos cargo de, aunque seamos grandes cultores de los Derechos Humanos, un tip por el que hayamos patinado, significa que nos seguimos rasgando hipócritamente las vestiduras cuando hablamos de, por ejemplo, dónde estábamos aquel 24 de marzo y varias bobadas más de nuestras aventureras adolescencias en los años 70s. CA.

 

Dear Barack Obama.

Escribo estas líneas para explicarte de qué se trata el Parque de la Memoria y el Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado que vas a visitar mañana.  Permitime la confianza de tutearte, de otra manera, saldría una carta muy formal y lo que te quiero contar es muy personal (too much personal). Intenté escribir con el protocolar Mr. President y con el aséptico Mr. Barack Obama, pero resultaba demasiado frío (too much cold). Igual, no creo que llegues a leer nada de esto (vos de spanish, ni jota ¿No?).

El asunto es que el Memorial y el Monumento que están en la Costanera Norte, ahí cuando empieza la Ciudad Universitaria, no es un recordatorio más. Digo: no es como otros monumentos conmemorativos, esos que ahora nacen como hongos por todo el mundo y que se construyen para expiar culpas del pasado tan heavy como la esclavitud o los genocidios. Digamos, no es como el Monumento a los Judíos Asesinados de Europa, que está en Berlín. Ni como el memorial por el 11 de Septiembre, que construyeron ustedes en Manhattan (dicho esto con mucho respeto). Puede ser que se parezcan en cuanto a la intención conmemorativa y alguno se parecerán en la forma. Lo que te quiero explicar es que el de acá conmemora un genocidio interno, una herida auto infligida.

Justamente, la herida es el tema central del Monumento que fue diseñado como una grieta que orada una colina cubierta de pasto y sin ningún otro elemento; y conduce a su cumbre desde la que vas a poder ver una panorámica del río infinito, una parábola de la libertad, si se quiere.  Seguro que a vos te va a hacer acordar al Memorial a los Veteranos del Vietnam que tenés en Washington, ese que ustedes llaman The Wall. La de acá es un pared dividida en cuatro partes que se desarrolla en zigzag ascendente hacia la cumbre, distinta a la enorme pared en esquina cóncava que tienen allá. Y como la de Washington, la nuestra está tapizada con los nombres de las víctimas, pero son más petisas para que la gente los pueda leer.  Ahora, con todo respeto estimado Barack, te recomiendo que cuando subas por la suave pendiente, pienses que todos esos nombres pertenecían a gente más o menos como vos, amigos, parientes, vecinos. Y que fueron desaparecidos, asesinados, torturados por otra gente que no eran como vos o yo, pero que podía estar viviendo a la vuelta de tu casa (si hubieras estado acá, claro). Te pido que te argentinices por un rato y veas lo impresionante que es todo esto, lo desvalido que te deja frente a nuestro pasado y futuro. Te lo digo de onda (wave). Así, te aseguro, le vas a sacar el jugo a tu viaje a Buenos Aires. También te recomiendo que veas algunas de las esculturas que tapizan el Parque. Como la del monumento 30 mil, de Nicolás Guagnini, que retrata a su padre desaparecido sobre 25 columnas metálicas dispuestas de manera tal que el rostro sólo se percibe cuando se la observa de un determinado punto del recorrido. Y deja de verse cuándo el observador sigue su caminata.

Bien a la izquierda podés encontrar la escultura de un compatriota tuyo, Dennis Oppenheim, fallecido en 2011 y uno de los vanguardistas de los 60. Su obra se llama “Monumento al escape” (Monument to scape). Se trata de una composición que simula tres casas de acero y vidrio rojo que representan a los centros clandestinos de detención. Un poco antes, la escultura de la argentina Marie Orensanz permite leer la síntesis válida en cualquier época pero un peligro en los años de plomo: “Pensar es un hecho revolucionario”.

Pero un monumento que no te tenés que perder es Reconstrucción del retrato de Pablo Míguez, obra de Claudia Fontes. Está al costado, casi al terminar el recorrido, en el lado izquierdo del parque, flotando en el río. Pablo era un chico de 14 años que fue secuestrado con sus padres en 1977 y torturado en El Vesubio para que su mamá cediera sus propiedades a los captores. La escultura muestra a un Pablito adulto, mirando el horizonte, hacia la libertad, hacia el futuro.  Perdoná el atrevimiento y el bajón, pero, ya que la casualidad (o la fatalidad) quiso que vinieras a la Argentina el día en que se cumplen 40 años del golpe de estado más sangriento de la historia, no quiero que te vayas sin conocer las sensaciones que nos inundan a los argentinos. Any way, you know.

Best regards.

See you soon!

Michael Jury


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