Lunes 22 de octubre de 2018  

La lucha por el 10 de diciembre

Viernes, diciembre 4, 2015
Por Carlos Allo

octubre10-2El árbol de Navidad es uno de los símbolos más amados por la sociedad, incluso hasta cuando no se guarda un vínculo tan cercano con las tradiciones cristianas. Y es en el tiempo de Adviento, cuando la Navidad se acerca, que se producen los cambios de gobierno en la Argentina.

La fecha del 10 de diciembre para los traspasos de mando en nuestro país, surge de una férrea posición adoptada por algunos colaboradores de Raúl Alfonsín. El proyecto de la dictadura en retirada, tras las elecciones que se habían celebrado el 30 de octubre de 1983, era entregar el Poder en el verano de 1984.

Todos los funcionarios del gobierno de Bignone, el último detentor del Poder militar, repetían el libreto de “una ordenada transición a 1984”, frente a una sociedad que ya se sentía satisfecha con sentir que la democracia estaba renaciendo, sin importar si se tardaba unos días más o unos días menos. Pero la fecha de entrega era muy importante. El hombre que impuso que los usurpadores del control del Estado no llegaran a fin de año, se llamó Raúl Borrás. Borrás, quien luego fue nombrado ministro de Defensa de Alfonsín, se plantó ante los militares para exigir que el 10 de diciembre se realizaran todos los actos: la jura ante la Asamblea Legislativa y la Entrega del Mando.

La sospecha de que los militares harían hacer desaparecer más documentos comprometedores de los que ya habían eliminado, generó que no se transigiera en un día, más allá de ese sábado 10, que quedaría, definitivamente en la historia argentina. La entrega del mando se realizó, no obstante, en otros momentos del año, por efecto y circunstancias que excedieron la instancia normal de hacerlo en la fecha pactada.

Esto ocurrió en 1989, cuando Carlos Menem asumió un 8 de julio, en 2001 y 2002, con la gran crisis política y económica y las conocidas cinco presidencias en 10 días; y en 2003, cuando a Néstor Kirchner le tocó hacer se cargo del poder un 25 de mayo.

El gobierno entrante trae otro color político, pero la Argentina ha recuperado conciencia ideológica como para discernir buena parte de los entuertos políticos. A muchos no les gusta esta recuperación, dado que las formas de discusión, perecen estar signadas por cierta dureza frente al adversario. Esta conciencia, este conocimiento del cuadro general, este acercamiento a la intimidad de las disputas de poder en la Argentina, se habían perdido en los años 90, cuando se produjo un giro muy extraño en el foco de atención del argentino medio: se le dijo que el país había ingresado al primer mundo. Poco es necesario explicar para dejar en claro que esa falacia podía significar la más obvia de las armas de doble filo. Sin embargo mucha gente, anestesiada por la poca conciencia política que se fomentaba desde aquel gobierno, se lo creyó. No sólo creyó que estábamos en el primer mundo, sino que se relajó considerando que la situación sería poco menos que eterna.

Hoy, con la conciencia algo más sólida del “quién es quién” en la política, nos encaminamos a un nuevo 10 de diciembre, con la certeza de que los traspasos de poder en la Argentina ya nunca se realizarán en otra fecha.


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