Lunes 15 de octubre de 2018  

El Sueño de Recuperar Lavalle

Domingo, abril 8, 2018
Por Carlos Allo
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Los carteles dejan testimonio de que se nos puede arrebatar, como a ovejas, el patrimonio cultural

La pérdida sucesiva de cines, confiterías de jerarquía, locales interesantes en las galerías y, como consecuencia natural, la impronta superior que ostentaba, la calle Lavalle se ha transformado en un pasadizo cuya condición, según la hora y el día, oscila entre lo bizarro y lo tenebroso.

Buenos Aires. noviembre de 1975. Algo más de 42 años atrás. El Atlas, el Ambassador, el Iguazú, el Sarmiento, el Luxor, el Monumental, el Select Lavalle,  el Electric, el Arizona, el Paramount, el Ocean, el Concorde, el Trocadero,  el Normandie, los de la vuelta (el Suipacha, el Rex y el Opera) y todos los de Corrientes “del otro lado” de la 9 de Julio, se repartían -como golosos a quienes se les desborda la saliva- las proyecciones de Rollerball, Barry Lyndon, Cría Cuervos, Mi novia el…, Los gauchos judíos, Nazareno Cruz y el lobo, La Raulito, Tarde de perros, Trapito, la película llamada “La película” (de José María Paolantonio) y muchos éxitos de los que, como se puede observar en la muestra presentada, algunos terminaron derivando en clásicos imprescindibles.

Buenos Aires. Abril de 2018. Lavalle es una mezcolanza de rubros comerciales que se desmerecen al funcionar en locales ornamentados con estilos especialmente creados para ser hall de un cine, con profundidades interminables utilizadas para ofertas de jeans y remeras infantiles y zapatillas de segundas y terceras marcas.

En más de una de las salas se han instalado (como en tantos lugares del país en los que hubo alguna vez algún cine) templos-sede de ministerios evangélicos. Este detalle de que funcione más de un templo, hace que la cercanía entre ellos supere con creces a la famosa vecindad entre algunas iglesias católicas construídas en el casco histórico de la ciudad: la Catedral Metropolitana, San Ignacio, San Francisco (con su capilla de San Roque), Santo Domingo y La Merced.

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Las construcciones de los cines son sólidas, estilísticas y emotivas.

En los medios de comunicación, en los últimos 20 años se viene haciendo un seguimiento del estado de los cines (salas independientes no vinculadas a las cadenas Village, Hoyts u otras) para que puedan seguir funcionando. Hoy, la apuesta es mayor. Es necesario que desde el Gobierno Nacional junto al Gobierno de la Ciudad, afines e íntimos entre sí, se fomente la recuperación de todos los cines de la calle Lavalle, con créditos blandos a empresarios interesados (que los hay) para la definitiva restauración cultural y urbana de la calle Lavalle. Incluso los bares y confiterías se vieron afectados con tanto cambio de ensalada, que incluyó un bingo, que -en su momento- se devoró dos cines.

Muerto también el bingo, pasó a haber más ropa barata (no llega a las calidades y los buenos precios del Once, que está a 15 cuadras), más accesorios para celulares, más aplicadores de tatoo y más locales con las mismas chucherías de siempre para turistas. El remate son los arbolitos. El caso de los oferteros de prostitución, ya no están visibles, aunque hay voces (y los asquerosos “papelitos” pegados en cantidades molestas) que aseguran que en la zona nunca dejaron de proliferar los inmuebles dedicados a cumplir la función que eufémicamente se dieron en llamar ‘saunas’.

Lavalle está horrible y los porteños que la conocimos en la gloria querríamos aprovechar las estructuras que aún subsisten, para que vuelva a ser una linda calle con cines y confiterías, digna de una arteria ultracéntrica de una de las  ciudades más grandes de América Latina y la que se jacta de tener la mayor oferta cultural  hispanoparlante y, a visión de muchos, del mundo entero.


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