Sábado 23 de junio de 2018    

Buenos Aires Jazz 2015

Miércoles, noviembre 11, 2015
Por Carlos Allo

buenosairesjazz2015Todo parecería estar bien con el concierto de Peter Bernstein Quartet en la Usina del Arte y con Branford Marsalis en el Teatro Colón. Adrián Iaies es un tipo de una jerarquía musical tan alta, que nada de lo que él pueda programar estaría por debajo de un ideal en cuanto a lo que Buenos Aires del jazz puede pretender en festival propio. El problema es que aquella falta de acercamiento al género por poco contacto por parte del grueso del público argentino y aquel antiguo careteo de los argentos pretenciosos de pertenecer a alguno de los mundillos de la cultura, hoy lejos de haberse diluído, se ha multiplicado por lo menos unas cien veces.

Cuando tuve la fortuna y el privilegio de ser el conductor de Radio Jazz, estas diferencias entre la comodidad de “hacérsela fácil al oído” escuchando sólo música pop y el zambullirse en algo más aventurero melódica y armónicamente ya eran notables, pero de ninguna manera el público medio se aparcaba tan alejado de las expresiones musicales descuadratizadas y no se apegaba tanto al menú yamahiano de cómo debe sonar una canción para no ser considerada una rareza. Hoy es fatal.

Si la minoría “exploradora” de temáticas y formatos no convencionales a nivel cultural, se redujo en un 40% con referencia a la lectura de libros y un 35% en cuanto a los estilos de cine que enriquecen frente a los que predominan, vemos que en música, la opción de intentar saber quién fue Miles Davis o escribir, aunque sea por error, la palabra Dixieland en Youtube
fue barrida por más del 44% decreciente, aceptando la tendencia al estancamiento mental que genera la repetición durante 38 años de la bonita -pero ya insoportable- canción de la afortunada agrupación Player, “Baby come back” y unas siete mil canciones “hermanas de raza” con las que FM Aspen continúa su robo cultural (y material) alienando a sus eternos zombies con sus desgastados “clásicos”, usados hoy para transmitirles a las nuevas generaciones la idea de que en los 80s se inventó la música.

El facilismo del inicio de siglo nos puso muy lejos de las músicas de mayor vuelo personalidad, como el jazz, la world music y el auténtico género celta, por nombrar algunas identidades sonoras, sin orden ni jerarquías entre sí. El intelecticida de la televisión se lleva la porción más importante de la autoría de la profundización del encacamiento mental de la década del ’10, mientras que los juegos en red son su compañero principal para figurar en los créditos.

No hay nadie a quien se le ocurra de qué manera hacer escuela. No hay nadie que difunda lo básico para conocer no ya tanto como “de dónde viene” el jazz (muchas veces se contó la historia del jazz por radio y TV argentina y sí, fueron lindos programas musicales pero cero de didáctica).

No hay interés en enseñarle nada de todo un universo cultural y musical cargado de una riqueza comparable al caudal de las cataratas del iguazú, pero se fomenta que el público se obnubile mirando las ondinas que pueden hacerse con el dedo en una pelopincho.

De todos modos, y a pesar del careteo hipócrita que hace que algunos se sientan a punto de probar un bocado de gran prestigio servido en una bandeja de plata, que los terminará aburriendo en el teatro y, tras lo cual, ya en sus autos, pondrán la emisora aludida para liberar su karma, serán maravillosos estos días del festival Buenos Aires Jazz 2015.


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