Sábado 20 de Enero de 2018    

Organizar es la tarea

Sábado, octubre 3, 2015
Por Carlos Allo
Caos en Gaumont

Caos en el Gaumont para conseguir entradas en un frío sábado

Sábado 3 de octubre de 2015 a las 11.40 en la vereda del Cine Gaumont, Av Rivadavia 1635. Temperatura por debajo de los 10º C. Un numeroso grupo de personas espera que se abran las puertas de la legendaria sala del INCAA KM 0, para poder ingresar y sacar entradas para las diversas funciones de las películas argentinas que allí se ofrecen. La primera persona que se instaló frente a los accesos de vidrio con sus correspondientes afiches montados es una señora joven. Llegó a las 10.15, cuando en Buenos Aires teníamos unos 7º C, según reza el registro que reproducimos. A pocos minutos de llegar, la interesada en esperar la apertura del cine logró preguntarle a un joven encargado de la seguridad acerca de la hora en la que se produciría la apertura de puertas y la habilitación de la boletería. La respuesta fue taxativa: “A las 10.40, Señora”. Falta poco. Ya eran las 10 y 25 y un poco más de espera podía valer la pena. Todo sea por obtener entradas para la película Truman, de la que la crítica da buena cuenta.

3 de octubre de 2015. Registro meteorológico

3 de octubre de 2015. Registro meteorológico

El cronista arriba al lugar a las 10.28 y se entera de la situación. Hace tanto frío que, entendiendo que no serán muchos los puestos en la fila que podría perder, abandona el asegurado segundo puesto para ir por un café de máquina en el kiosco lindero al Gaumont. Regreso a las 10.42 y el puesto disponible en la fila de espera es el nro 6. Digamos, que hicimos negocio. Comienza a llegar más gente. Hay señoras mayores, dos chicos con discapacidad y varias personas no del todo abrigadas para enfrentar la ventisca que se genera debajo de la marquesina del acceso al cine. Aparece por segunda vez el hombre de seguridad y le confirma el horario de apertura a un señor que quedó detrás de mí, apenas dos lugares.

incaa-¿A las 10.40? Perfecto. Ya abren – se tranquilizó el hombre, mientras la fila buscaba la esquina de Rivadavia y Rodríguez Peña. Los primeros 12 a 15 minutos de demora en el cumplimiento de la palabra dada ameritaba entre los presentes diversas frases de justificación a los responsables eventuales de la habilitación del acceso, ensayando diversas posibles motivaciones como para que toda esa gente continúe en la helada espera. Ya cuando se hicieron las 11.05, otro hombre de seguridad, más experimentado que el primero, debió encargarse –y sólo porque debió salir del interior del hall del cine por otros asuntos- de ensayar unas endebles explicaciones frente al público expectante. Allí supimos que el sistema de impresión de tickets estaba caído y que se iba a proceder a vender de manera “manual”. Las quejas fueron muchas y los minutos corrieron hasta pasadas las 11.30. Y a esa hora la temperatura había mejorado: estábamos en los 8ºC.

Si la explicación que este señor presentaba frente a la ya nerviosa pequeña multitud, hubiese quedado en esa incómoda pero inevitable cuestión de la venta manual, nada habría desatado la oleada de empujones que sobrevinieron cuando anticipó que se haría entrar a las personas que comprarían y accederían sólo a las funciones que estaba a minutos de empezar, es decir, los Films “Uno Mismo”. A las 11.50 y “Truman” a las 12.00 (dicho sea de paso, los Darín, multifacturadores). Este detalle fue complementado con la “determinación” de que la habitual venta de entradas anticipadas para el resto de las funciones del día (el Gaumont nunca vende anticipadamente para otra fecha y está bien, porque es muy barato y por varios motivos más). Ahí se desató un caos. El encargado de comunicar la decisión de que no se entregarían entradas para las funciones del resto del día la “brindó” alegremente el señor encargado de seguridad (el segundo), quien también se encargó de explicar que el compañero que dijo que las puertas se abrirían a las 10.40 era la primera vez que trabajaba en ese lugar y desconocía los detalles de los horarios reales de apertura. Naturalmente la pregunta cayó de inmediato.
-Entonces… ¿a qué hora abren habitualmente?
La respuesta, todo un símbolo de la Argentina del SXXI fue:
– No hay un horario fijo. Si hay películas que arrancan temprano, se abre el acceso más temprano, más o menos a las 10.45, pero si las primeras funciones son como se presentan hoy, tipo a las 12, se abre la puerta y se habilita la boletería unos minutos antes.

Muchos de los que habían hecho su fila perdieron el lugar cuando se necesitó establecer un conducto para que quienes iban a entrar a las primeras funciones del día ya estuvieran adentro en pos de la compra de tickets. Los que pretendíamos adquirir entradas para funciones de la tarde o noche nos quedamos allí con la convicción de que de ninguna marea nos iban a “largar duros” y que viniéramos a comprar la entrada sobre la hora, como lo estaba proponiendo este señor, lleno de poder sobre alguna gente durante unos minutos. Efectivamente, cuando se habían hecho las 12.20 estaban entrando los últimos rezagados a las funciones iniciales del día en el Gaumont y los que nos manteníamos (bastante organizados entre nosotros) en la fila, exigimos pasar para que se nos venda por anticipado.

La vendedora en boletería, con gran paciencia, entregaba tickets en los que, ella, de puño y letra, indicaba horario y sala. Nadie, con el público adentro del hall, se animó a sostener la orden de que no se vendería por anticipado. Obviamente, al ingresar, nos habíamos dado cuenta de que había habido un grupo vivillos que, cuando se les habilitaba el paso a los compradores “del momento”, se plantaron frente a la ventanilla, pidieron su entrada anticipada y se la vendieron sin inconveniente. Se habían “colado” en la cara de los que habían establecido las reglas. Hasta pareció que fue con la anuencia de éstos.

Tres personas salieron dispuestas a realizar la denuncia en el INCAA, Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, en pos de que se les escuche la historia de los ocurrido el 3 de octubre de 2015 en el Gaumont, ya que de esa experiencia se pueden obtener soluciones para la organización.

Hace algunos años, los que asistíamos al nacimiento de una nueva generación de músicos del rock nacional, a fines de los 80, tomábamos como apenas divertida una canción de la banda Mal Momento, que rezaba: En este mundo cruel, en este mundo cruel, cualquier ambiciona un poco de poder”. No era sólo divertida.


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