Miércoles 14 de noviembre de 2018  

Críticas a Buenos Aires Bus

Viernes, octubre 26, 2018
Por Marcelo Zanotti

Las paradas de los buses están a la intemperie

A nivel turístico, la suma de pequeñas incomodidades pueden redundar en la baja definitiva de puntuación por parte del viajero para con la Ciudad o la localidad que visita. Y la falta de ciertos servicios suelen ser medidas de manera directamente proporcional a la dimensión, la superestructura y la fama del lugar.

Buenos Aires es una ciudad de que aún tiene un largo trecho para ponerse de acuerdo consigo misma y definir si quiere ser un centro de recepción turística real, serio y responsable o asumirse como una urbe gigante en la que el planteo tácito es “si la visitás, adaptate y arreglátelas como nos las arreglamos los que vivimos acá”.

Buenos Aires Bus es un servicio del GCBA concesionado a las empresas Derudder Hnos y Rotamund S.R.L., con la participación de Flecha Bus en los vehúculos que se utilizan. Hoy, un turista que utiliza el servicio que se jacta -como lo hacen tantas empresas de City Tour en el mundo- de dar la opción de bajarse en cualquiera de las paradas establecidas y poder volver a subirse para continuar con el viaje está sometido a una cantidad de inconvenientes que no se condicen con el pago de un boleto de $990.- (U$S 26.-para usar en una jornada completa o de $1.260 (U$S 33.-) para utilizarla en durante 48 horas.

En los horarios, está previsto que cada 20 minutos puede llegar a cada parada el Bus siguiente. Hoy, octubre de 2018, la tardanza entre un servicio y otro, ronda los 45′, lo que transforma la espera en un tedio. Con semejante tardanza no se estimula al pasajero a bajarse varias veces en el recorrido, ya que pasa a ser mayor el tiempo de espera en paradas nada confortables.

En las paradas, el pasajero no tiene la posibilidad de sentarse, ni de protegerse del sol o de la lluvia. La parada de Puerto Madero, en la esquina de Juana Manso y Macacha Güemes, frente al Hotel Hilton, aparte de las condiciones descritas, se encuentra en un rincón que deja la no deseable sensación de no sentirse seguro y con un permanente charco de agua sucia junto al cordón. El arroyito se alimenta de un desagüe proveniente del predio privado de un rascacielos con jardín y es tan ancho que imposibilita a las personas mayores a esquivarlo sin tener que moverse varios metros hacia algún sector del cordón que les permita bajar a la calzada sin mojarse el calzado. Obviamente, este inconveniente podría tener una solución algo más dependiente de las voluntades solidarias de quienes participan del negocio, léase que el chófer arrime el bus en su totalidad a la vereda: son tan pocas las veces que ocurre, que terminamos por premiar a quienes hacen lo que deberían hacer todos. Falta mucha conciencia.

A propósito de la conciencia de la que carecemos, la única forma de obtenerla es a partir de un trabajo mayor que nos la vaya inculcando. Y no es sólo el Estado el que debe realizarla. Sí es el que debe ponerla en marcha para que todos los que estamos preparados y dispuestos a trabajar en el cambio de conciencia operemos con sincronicidad y precisión. Liderazgos existen, pero faltan muchos líderes bien preparados y mucha humildad del resto para reconocer a un líder bien preparado sin salir a defenestrarlo en la primera de cambio y por minucias.


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