Miércoles 18 de julio de 2018    

Todavía hay argentinos que creen que el problema es futbolístico

Viernes, junio 22, 2018
Por Marcelo Zanotti

El argentino merdio cree que el error fue de nuestro arquero y no acepta que somos los verdaderos culpables, especialmente, de que esto se haya transformado en un problema.

Los medios de comunicación tradicionales, el periodismo deportivo argentino y el público “consumidor de mundiales” no sólo no aprende, sino que fomenta que en el país se imponga la traición, la violencia y el criterio de los ignorantes y los nulos. El relator de TV, Sebastián Vignollo, al término del encuentro en el que nuestra Selección perdió 3 a 0 frente a la de Croacia en el Mundial de Rusia, antes de decir “no hay consuelo” expresó “el problema somos nosotros” y en esta redacción creímos que comenzaba en la Argentina la era de la responsabilidad, intuyendo que el periodista ensayaba algún Mea Culpa. Para nada. El tipo, con la frase “el problema somos nosotros” se refería a ciertas pautas de funcionamiento del equipo de fútbol.

¿En qué consiste que nosotros seamos el problema? En algo que los argentinos de las grandes ciudades y pueblos ricos en general, especialmente la siempre ansiosa e impaciente clase media, por su gataflórica condición de consentida de algún gobierno, jamás podríamos comprender, ya que comprender significaría algo equivalente a que nos saquen el juguete que nos gusta: el verdadero significado de “el problema somos nosotros”, es la taxatividad del concepto, sin vueltas, sin eufemismos y sin soslayos.

Realmente el problema es la sociedad.

Problema 1. Son, aproximadamente, 470.

Yo, con todo lo pretencioso de mi análisis, soy responsable de no hacerlo llegar a quien me quisiera ayudar a inyectarlo y, a su vez, yo, que tengo “una determinada idea de cómo se deben hacer las cosas” en el país, en el barrio, en mi familia y en la vida, reconozco mi incapacidad de considerar el criterio de otro para encararlo con él. Soy el primero en reconocer la responsabilidad que hay en mi actitud, a la que reconozco -en el fondo- como una forma de no querer calzarme el overol para trabajar en las soluciones que trae otro. Claramente, yo estoy trabando el trabajo de otro porque querría que las soluciones llegaran de mi mano.

El problema 1 abarca varios subproblemas, como las envidias y los apartamientos discriminativos. Como autor de los múltiples textos de la producción radial 200 Años de País, preparada para su difusión en los Bicentenarios, tanto de la Patria, en 2010, como de la Independencia, en 2016, rotó mi criterio con referencia al micro Solidaridad argentina, de esa saga. Por suerte no hay registros de ese texto ensalzador del argentino, que lo ubicaba como cultor de más encantadora actitud social que existe en el mundo, que es la de ser solidario. Las eventuales enormes respuestas positivas por parte de la sociedad a campañas de recaudación de dinero y recolección de ropa, alimentos y otros productos necesarios paliar las necesidades de damnificados en tragedias con o sin maratones televisivas, no nos da como resultado a priori -con este nuevo criterio- que por esas ayudas el argentino sea, esencialmente, solidario. Más bien todo lo contrario. Allí donde hay que dar algo material que otro administra, podemos estar. Total, si algo falla, podremos descargar culpas -con supuesta justificación- diciendo que lo hicieron mal o que nos robaron y que nos sorprendieron en nuestra buena fé. Hay decenas de casos así, comenzando por Las 24 Horas por las Malvinas.

Al adentrarnos en el túnel, el problema 1 sigue abarcando elementos: yo, el argentino estándar, buen tipo, que no le hace daño a nadie, resulta ser que, aunque jamás lo reconozco, me engancho a ver por TV, seguir en redes o chusmear en el barrio a aquellos que se pasan de la raya, que se afanan una dependencia entera del estado, a otro que mató a su mujer o a la traicionera gente -argentinísimos, ellos- que chifla al arquero que acaba de cometer un error y generó un gol del rival.

Y si se hiciera necesario expresarlo como para que lo entienda quien sólo quiso encontrar un asunto futbolístico en esto, el problema 1 incluye la apatía de la sociedad frente a la inabarcable desviación de objetivos de la Asociación de Fútbol Argentino. Nada de eso -por supuesto- implica que nadie pueda aparecer mesiánicamente a solucionar algo allí. No viene mal recordar que, por más que el fútbol le guste a una mayoría que nada tiene que ver con la vida institucional de los clubes, son sus dirigentes quienes se encargan de los destinos del fútbol, ya que la AFA es, precisamente, la asociación de esos clubes, por lo tanto, no es demasiado erróneo afirmar que ellos son los dueños de la selección argentina, sólo ellos deciden lo que les parece que hay que hacer y los de afuera somos de palo.

El error de nuestro arquero es el reflejo de nuestros errores como sociedad. Pero a nosotros nos gusta el fútbol y nos gusta ganar. Bueno, chabón… hay psicólogos que cobran barato.

En el problema 1 se observa también al que se burló de la chica rusa con una guarangada que se transformó en un misil de vergüenza ajena. Existe una teoría -que suscribimos- que dice: “qué suerte que algunos hijos de puta son pelotudos”. Es el caso de Fernando Penovi, quien, aunque haya sido escrachado por los medios del mundo y aunque se tenga que “comer” otras manifestaciones en forma personal, en Ezeiza, cuando regrese y en Wilde, cuando las organizaciones de defensa de la mujer en contra de la violencia de género se le ubiquen a los gritos frente a su agencia berreta de autos truchos, será bastante poco lo que quede como enseñanza.

Jamás saldremos del problema 1, porque -como dice Vignollo, falaz y tramposamente- “el problema somos nosotros”, por lo que es imposible pasar a conocer el problema número 2, ya que el problema nro 1 incluye el reconocimiento del problema en sí mismo por parte de la sociedad, cosa que la sociedad argentina no hace nunca.


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