Miércoles 18 de julio de 2018    

1935: Mueren Gardel, Barbieri, Riverol y Le Pera. Sobrevive Aguilar

Domingo, junio 24, 2018
Por Carlos Allo

Carlos Gardel el mismísimo 24 de junio de 1935, en Bogotá.

Muchas cosas que suceden en un país pueden quedar en la desmemoria si la memoria no se ejercita. Más tomando en cuenta el tipo de tendencia al olvido que el argentino muestra a cada paso. Pero hay algo peor: la mala suerte que significa -para quienes se esmeran por resguardar la memoria- que alguien cometa un error comunicacional cuando se trata de enumerar y ordenar las recordaciones pertinentes sobre aquello que se quiere grabar en ka piedra de la historia

Cuando se habla de la muerte de Carlos Gardel, se repite -sin pensar ni saber demasiado- que fue en un accidente en el aeropuerto de Medellín, Colombia, que viajaba con sus músicos y colaboradores en una gira y no demasiado más.

Programas de radio y televisión, sobrecargados de comunicadores ignorantísimos, repiten, desde hace algunos años la increíble falsedad de que en el accidente en el que perdió la vida Carlos Gardel no hubo sobrevivientes. Ya cansan estos ejempluchos cabales de los tiempos en que la desinformación domina el espectro de la comunicación masiva

El Domingo 24 de junio fue la tragedia del cantor, su compañero de autoría de temas, Alfredo Le Pera y el guitarrista Alfredo Barbieri. Los tres artistas murieron sin la más mínima posibilidad de que se los rescate, en el incendio provocado por el choque de la máquina que  carreteaba para decolar, con otra aeronave ubicada en una pista lindera. El pandemónium fue instantáneo y aterrador. Los dos aviones tenían los tanques de combustible llenos. Ángel Domingo Riverol, que murió dos días después,  fue derivado a un hospital, apenas personal de rescate con cierta pericia logró rescatar a quienes pudo. Su otro guitarrista, José María “Indio” Aguilar, también formó parte de la tragedia, también se quemó en el espantoso incendio del F31 pero sobrevivió, tal como sucedió con el secretario de Gardel, José Plaja y un directivo de la compañía aérea SATCO, Grant Flynn. Otro rescatado que sobrevivió apenas una pocas horas fue el encargado de relaciones públicas de la comitiva gardeliana, el venezolano Alfonso Azzaf.

Aparte de Gardel, Le Pera y Barbieri, los fallecidos durante el horrendo siniestro fueron el piloto Ernesto Samper Mendoza, el asistente de Gardel, José Corpas Moreno, argentino residente en Nueva York; Willis Foster, operador de radiocomunicaciones, el manager de la Universal Films, Henry Swartz y el empresario de conciertos, Celedonio Palacios, de Chile.

Los testimonios expuestos por Aguilar, cada vez que alguien se lo propuso, fueron tan desgarradores como las pruebas que su cuerpo guardó de su paso por el infierno de Medellín. Aguilar tenía un registro diferente para cada secuencia de lo sucedido en el peor día de la historia del tango, especialmente el sufrimiento de Riverol, quien estuvo internado dos días y murió el 26 de junio a causa de haberse levantado de la cama -en una demencial decisión- y abrirse heridas múltiples en una piel que no podía resistir el más mínimo tirón.

Aguilar vivió hasta 1951, comprometido de por vida aun cuidado extremo de su cuerpo por las quemaduras sufridas. En una Buenos Aires llena de impunidad para los automovilistas imprudentes y poco criterio para señalización de tránsito, José María Aguilar, fue atropellado en Plaza Pueyrredón (Pza Flores) por un automovilista de esos que consideran que si hay una persona en su camino, es un obstáculo. Se fracturó una pierna y fue llevado al Hospital Alvarez, de Flores. Allí murió de un edema pulmonar.

El guitarrista sobreviviente fue entrevistado en algunas oportunidades, al igual que José Plaja, quien pudo salvar su vida a partir de una ráfaga de extinguidor que le dispara un operador de mantenimiento del aeropuerto. El avión en el que viajaban Gardel y sus compañeros era de la empresa SACO (Servicio Aéreo Colombiano), mientras que la nave colisionada pertenecía a SCADTA (Sociedad Colombo-Alemana de Transportes Aéreos), por entonces una aerolínea muy prestigiosa, por ser la primera que operó en América. El vuelo de los músicos era un chárter y nadie se hizo cargo de ninguna indemnización y resulta extraño comprender que vuelos de esa magnitud no incluyeran ningún tipo de seguro. SACO y SCADTA en junio de 1940 (con el accidente de la muerte de Gardel muy fresco) se fusionaron para pasar a conformar el conglomerado de compañías aéreas que confluían en AVIANCA, empresa a la que muchos juristas consideran compradora de las responsabilidades legales (ya no penales) que implicó el siniestro del 24 de junio de 1935. La madre de Carlos Gardel, Berta Gardés, no recibió  resarcimiento alguno debido a que el espíritu de reivindicación por derechos inmdemnizatorios de los abogados de la época, no había alcanzado el desarrollo que hoy se le conoce. Berta falleció en 1943.

 


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