Miércoles 14 de noviembre de 2018  

El Limovejero

Domingo, abril 29, 2018
Por Carlos Allo
Se le conoce, entre otras performances, un alto talento para amenzar, mostrarse matón y responder a códigos creados por la Cossa Nostra.

Se le conoce, entre otras performances, un alto talento para amenzar, mostrarse matón y responder a códigos creados por la Cossa Nostra.

Las radios El Mundo y Rivadavia son las que -en estos días- se llevan la atención mayor de todos los miembros de la comunidad de Medios de Comunicación de la Argentina, que miramos con diversos grados de dolor el desmembramiento de una estructura global de trabajo, que se va desmantelando, pieza por pieza, etapa tras etapa y en todo el mundo, a una velocidad mayor de la prevista. Es la misma atención que se reparten desde los últimos años, Radio Del Plata, Radio 10 y una triste lista de medios en decenas de ciudades argentinas. El foco pleno puede recaer, aleatoriamente, en la que más meses de sueldo le debe a su personal o, como el caso de Mundo, se suma el ítem de la aparición de un delincuente que se apropia de la emisora con documentación apócrifa y se decide a darles el golpe de gracia a los vapuleados profesionales y administrativos de una radio.

Los limovejeros

Existe una actividad -de Dignidad Cero- que consiste en tomar el control de empresas en estado desesperante, pero de las que aún se les puede rapiñar sus últimos recursos. Generalmente, son operaciones que no pasan de un año, aunque hay estafadores lo suficientemente temerarios como para animarse a prolongar el saqueo. Consiste en negociar una suerte de “operación de traspaso”, con quienes aparentan ser los verdaderos dueños o detentan alguna documentación -incompleta- que los habilita. En el rubro Radiodifusión, gracias al millón de idas y venidas en las normas históricas del viejo ComFeR, esas chanchadas son posibles y habituales.

Si quienes venían haciéndose cargo del medio se atemorizan, pensando que la justicia los podría a detener en cualquier momento, el terreno para el limovejero es ideal. De modo que pasa a “hacerse cargo” de la empresa, sin que se conozca bien que la operación no fue “comprar” la radio, sino más bien “alquilar” la condición de “CEO” del medio.

Una vez adentro, el personaje se presenta frente a los empleados y dispara algunas dosis de tranquilidad en tres o cuatro reuniones para ganar tiempo. ¿Qué es lo que están haciendo estos inescrupulosos? generando negocios con “clientes” de la política para barrer con la mayor pauta oficial posible de localidades, pueblos, provincias, organismos de control de casinos y juegos de azar y empresas que suelen participar de la torta de las diversas “cajas” (Constructoras, en su mayoría) y que no pueden decir que no a alguien que, conociendo sus tongos, maneja ahora un medio de comunicación, aunque sea temporalmente.

A estos rapiñadores de lo último que le queda a una empresa, se los llama “Limovejeros” en una clara comparación con quien toma un limón viejo, que ya fue exprimido y, al encontrarle una posición y un ángulo como para apretarlo un poco más, obtienen lo último del jugo que le queda.

Con respecto del actual limovejero de Radio El Mundo, el conocido patán de apellido Rodríguez Flores, que ya destruyó una emisora en el Chaco y debe ser puesto a disposición de la justicia de inmediato, se espera que el Ente Nacional de Comunicaciones, ENACOM, lo obligue a normalizar la situación de locutores, periodistas. operadores de estudio y planta, productores y administrativos. Si sólo van presos -por un par de días- López y De Sousa, para mostrarle a la tribuna cierta falsa energía justiciera, es porque al tándem “Política Caprichosa – Justicia Hacendosa” les viene bien un verdugo como Rodríguez Flores, cuyo destino no es la cárcel debido al mal precedente que se sentaría para cuando surjan nuevas oportunidades de tener a otros testaferruchos útiles para limovejear.

 


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