Lunes 15 de octubre de 2018  

Escrachan la inoperancia de la CNRT

Lunes, abril 16, 2018
Por Marcelo Zanotti

Plantada genial de una mujer frente a un colectivo, que abrirá el camino para poner en vereda a la CNRT, que obvia las denuncias

A partir de la famosa fotografía de la chica que se le plantó a un miembro de la mayoritaria manada de colectiveros insolidarios y ávidos de querer demostrarles  a otros que ellos tienen poder, mucho poder, se disparó otro beneficio para la sociedad: que todos comiencen, lentamente, a conocer que la Comisión Nacional de Regulación del Transporte, en lo que se refiere a la protección de los pasajeros, es menos que un sello de goma.

La CNRT fue siempre una mentira para el público. Se trata de una entidad -dividida por una importante brecha de responsabilidades- que le sirve a la autoridad de transportes de la Argentina, como fusible para sacarse de encima los problemas que implican los agujeros económicos de las empresas y sus consecuencias posteriores, tal el caso de la ya irrecuperable Línea 165, en permanente conflicto con el personal.

Qué se puede pretender de tipos como Antonio Eduardo Sícaro, que, por moverse como pez en el agua, zafó de la condena que lo igualaba a Shiavi por la responsabilidad de funcionarios de transporte en la Tragedia de Once. Dicen que algo del tema sabía pero sólo se lo demostró a las empresas que se beneficiaron con su gestión. Ariel Franetovich, el ex intendente de Chivilcoy, aprovechó el sillón de interventor de la CNRT para hacer lo que mejor sabe: rosca política. Tanto, que él se terminó creyendo su propio verso de la eficacia en gestión de transporte, cuando fue en su gestión, que comenzaron a desmantelar las paradas de colectivos en toda el área de la Av, General Paz, tanto del lado de Capital, donde gobernaba Macri, como de Provincia, controlada por Scioli. La CNRT kirchnerista cierra con Fernando Manzanares, quien, se creyó que lo premiaban con su conversión de interventor a Director Ejecutivo de la entidad. En la etapa de Manzanares, nada se hacía sin el aval de Florencio Randazzo, destinatario de todos los oros políticos que pudieran recolectarse en la previa a las PASO de las que lo dejaron con las manos vacías.

Al cambiar el gobierno, aparece un supuesto “experto”: Roberto Domecq. El tipo, que conocía perfectamente al ministro Dietrich, sabía que, en algún momento, algo referido a la reducción de planta se le venía encima. Como a nadie le gusta quedar como el verdugo firmante de despidos (incluso cuando se trata de varias decenas de inútiles que, comprobadamente,  alberga la CNRT) encontró la excusa perfecta para saltar del barco en 2016. Por otro lado, aparte de que todos los dedos lo señalaron como acomodador de familiares en el organismo y ser un continuador de la línea kirchnerista Jaime-Schiavi, Domecq es considerado el iniciador de la etapa “Zona Liberada” para todas las empresas de transporte dispuestas a zafar del cumplimiento de cualquier normativa de control: algo así como el padre de la nada actual.

Finalmente, Pablo Castano, un verdadero “Lucky Man”. Lo pusieron en el directorio en la etapa Domecq, por su habilidad para el marketing personal. Castano es un habilidoso en la disciplina Sell Yourself (Véndase a sí mismo). De hecho, su CV en LinkedIn contiene una carga de autohalagos que le hace picar la cabeza a cualquier psicoanalista. Son habituales tales descuidos en hombres que tras tantos años en el mundo de los negocios, saltan, hacia la política sin profiláctico. Desde su primer día de gestión, Pablo Castano está soportando que, desde todos los ángulos del sector de transporte, le estén repitiendo que no sabe absolutamente nada del tema. Aún no recibió la esencia del mensaje.

Ninguno de los titulares de la CNRT se subió a un colectivo en los últimos 10 años. Aquí nadie quiere que nadie se rasgue las vestiduras por los gravísimos problemas que hay en el transporte y que son fáciles de solucionar. El problema radica en que nunca, pero nunca, esta comisión hace o que corresponde, sino apenas cumplir con algún capricho de los funcionarios “mayores”, es decir de las áreas de Transporte de la Nación, antes Secretaría, hoy Ministerio.

Hay que seguir denunciando a la institución del Estado que está destinada a recibir nuestras denuncias y ha demostrado, con sobradas pruebas, que no está interesada cumplir con su rol.

El transporte público hace a la calidad de vida de las personas y los gobiernos no lo ven. permitir que un colectivero no le abra la puerta a una anciana, teniendo el omnibus detenido por el semáforo, junto al cordón de la vereda, por el estúpido hecho de que la parada quedó 8 metros atras, no es sólo un acto troglodita del puto chofer, al que se le cae la baba por ejercer un poco de poder sobre alguien. Es también el efecto de vivir en un país en el que los dirigentes no piensan por sí mismos, sino cuando se los aprieta. Es que no la entienden. Hay que rever el tema de las paradas de colectivos. En principio no sirven como elemento estricto. Deben ser sólo una referencia. Ver en Diario 5 todas las referencias a la errónea reglamentación de paradas de colectivos.

Si es necesario, HAY QUE CAMBIAR LAS POLIZAS DE SEGURO DE LOS COLECTIVOS, CUYAS EMPRESAS ESTAN SOMETIDAS A QUE CUALQUIER PAGO QUE SE RECLAME  “FUERA DE LAS REGLAS” DE LA ASEGURADORA, NO SE EFECTIVIZA.

El descontrol de la CNRT es tan grande, que un pirulo al volante de un bondi, ya no cumple ni con la norma de hacer subir pasajeros en cualquier esquina los días de lluvia.

Repetimos: El Transporte público mide la calidad de vida de la sociedad.

Dejar a un señor de edad avanzada, bastón en mano, sin viajar, por la sola boludez de querer cumplir a rajatabla un reglamento que aprobaron 40 cagatintas con chofer en la época del Concejo Deliberante (Tontejo Deliaberrante), y hacer subir y bajar a las personas exclusivamente y de manera implacable en las  paradas de colectivo y manteniendo inflexiblemente las puertas cerradas entre parada y parada, aunque exista la posibilidad de cargar o descargar pasajeros, hay que corregirlo urgentemente.

A continuación, el post en redes sociales que se viralizó y la información que prueba que la CNRT requiere cirugía mayor.

La CNRT es uno de los organismos más despreciados por los porteños que usan transporte público.

La CNRT es uno de los organismos más despreciados por los porteños que usan transporte público.

 


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