Lunes 22 de octubre de 2018  

Expulsar a los varones del debate por la despenalización del aborto

Miércoles, abril 11, 2018
Por Carlos Allo

El debate por la despenalización del aborto lo deben hacer sólo mujeres. A los varones no nos corresponde y no estamos preparados

Ver a varones en plena discusión frente a mujeres en el debate por la despenalización del aborto, que, obviamente, excede con creces los recintos del Congreso Nacional, sus salas de comisiones y las discusiones surgidas entre los asesores técnicos que brindan apoyo a los legisladores,termina resultando un bochornito, cercano al asco.

Mujeres que se manifiestan a favor contra hombres que se exhiben en contra. Y viceversa: hombres que, habiéndose sumado a la importante manifestación popular que reclama la ley, alzando su voz para imponerla a mujeres que no quieren una norma que cambie las reglas actuales.

Usted es un gran Doctor, Magister Scientiae y Master en no menos de 15 especialidades médicas y jurídicas, más la mayor capacidad que su alma y su espíritu le dictan, con inmensa certeza, tener: virtud moral. Casi siempre, quienes se manejan con aplomo en estos menesteres, son caballeros de familias con “historia grande”. Una amalgama de apellidos patricios con genealogía mayormente militar, con señoritos universitarios, de ancestros inmigrantes, alguna vez, devoradores -según su estirpe- de Biblia, Torah o Corán. De los primeros, nada de la tendencia familiar se modificó para forjar su pensamiento, mientras que de los otros, por el contrario, arribaron al cénit de su intelectualidad, ubicados en las antípodas filosóficas de sus abuelos. ¿qué valor moral e intelectual tienen estos tipos? Uno muy grande, cuando se trata de presentar mociones para mejorar la vida de los pobres en el mundo o de reformar la paradas de colectivos para que los abuelos y discapacitados viajen mejor. Pero que del aborto no hablen. Serán unos intelectuales muy profundos, harán buenos asados, contarán buenos chistes de salón, pero son varones. Por ende, no califican para el debate por la despenalización de un acto que a lo mejor son ellos mismos quienes lo ejecutan. A los médicos y las clínicas que realizaban abortos antes de la virtual ley, se les podrán cambiar algunas cosas menores, en su vida, al lado del cambio conceptual en la mente de ‘mujer de a pie’.

Los varones podemos opinar sobre el tema. Lo que no debemos hacer es creer que nuestra mirada, nuestro criterio, nuestras posiciones filosófica e ideológica tienen un valor real y genuino en una discusión, en la que el protagonismo del varón es -más que secundario- sombrío,  puede tener valor como para votar en esta cuestión.

Existe una importante cantidad de abortos a los que se llegó por situaciones tan traumáticas, como violaciones y forzamientos afines, que no serán tratados aquí, porque, aunque lo intentáramos hacer con la máxima seriedad, caería en la banalidad, tanto por la condición de género del que escribe, como por la característica del medio, por el medio en sí mismo y por su variedad periodística histórica, cuyas certezas científicas no abundan como para ensayar -ahora- un análisis respetable. Sí, en cambio, se conoce que la inmensa mayoría de los abortos se producen por actos sexuales a los que se llega por el “talento” de los muchachos que se dedican, casi permanentemente a hacer un culto del desarrollo y perfeccionamiento de su capacidad de conquista. Entre sus habilidades, se destaca el proyectar una falsa actitud de posible novio a largo plazo, opción que, en buena parte de las chicas jóvenes, dispara, de inmediato, una sensación agradable al estar en presencia de un chico que se ajusta tanto a sus mayores ilusiones. Luego, el garquín tiene la opción de acelerar con un “vos sos distinta a las demás”, para besarla. Y la estocada final viene -super hipócrita- con algún “creo que me estoy enamorando de vos”, mientras ya manosea espasmódicamente a su incauta -y muchas veces, ignorante- seducida.

A la hora del sexo, lo habitual en estos casos de Casanovas berretas: Si la chica no les reclama el uso de preservativo, ellos se mandan. Si ella no le cuenta cuándo se le retiró la menstruación, ellos no preguntan. Y lo peor: no preguntan, justamente, por no tener idea qué significaría el estar haciendo esa pregunta, y así evitar pasar el gran papelón, ya que ahora la ignorancia es suya. La eventual excitación de la chica y que ella pase a tener algunos controles momentáneos del encuentro, no atenúa en lo más mínimo la responsabilidad del machito al momento de tener que demostrar ser macho. De este caso de manual, repetido por millones en el mundo, los embarazos que se producen, también son millones. Y es allí, cuando el portador del gran falo de los sueños de las doncellas de los palacios reales de todos los tiempos, presenta su única respuesta posible: “yo no sabía”.

Ni el expuesto ni ningún caso munido de ninguna fórmula o proceso, vivido entre un varón y una mujer, en cualquier estado civil y en el que la historia termina con la dama encinta, justifica que él opine con voz y voto cuando se trata de definir penalizar o no un aborto. Hace ya tiempo la mujer resolvió que lo que le corresponde, le corresponde. En esto más que en ningún otro asunto. El hombre no pone el cuerpo en el embarazo, ni en un aborto, ni en una cirugía uterina de ninguna índole, ni en un parto. Se trata de un debate 100% femenino. Hay suficientes médicas en todas las especialidades, abogadas, genetistas y decenas de actividades profesionales de los que pueden salir, en la Argentina, mujeres que definan este debate con la suficiente capacidad intelectual, sensibilidad y honestidad para definir una solución en el debate por el aborto. Solas.

Llegó la hora. Millones de normas de todo tipo, se establecieron, a través de la historia, en todo el mundo, con el pensamiento, la pluma, el voto y la ejecución completa por parte del hombre. Ahora hay una, cuyo tratamiento, le corresponde en forma exclusiva a la mujer. Y vos, pibe, andá a lavar el auto.


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