Miércoles 12 de diciembre de 2018  

Un eslogan no puede identificar un plan

Miércoles, febrero 14, 2018
Por Carlos Allo

Habrá que seguir buscándo caminos. Si no, habrá país berreta por siglos.

El error radica en la expresión “La Secundaria del Futuro”. Al aplicar nombres que establezcan institucionalidad, tanto en lo cultural, con sus áreas más directas -las artes todas y las industrias culturales- como en lo educativo, lo científico o lo diplomático, no pueden tener un eslogan cumpliendo el rol de la propia identidad del ente, organismo, programa o plan de trabajo. Se puede decir, por ejemplo -y apelando a la execrable vanidad política aún reinante en buena parte del planeta- “Sistema Educativo Allo. La secundaria para ser buen periodista”.

Si -como se dice y se escucha decir en todos los ámbitos que rodean a la Educación- la Ciudad quiere aplicar el programa Secundaria del Futuro, aparentemente desde marzo en 19 escuelas piloto, si existe un rechazo de orden político, es lógico que se produzca uno mucho mayor por el nombre ostentoso, poco político y -100 a 1 en las apuestas- emanado de un cráneo político sin el más mínimo tacto, casi con más ganas de enfrentar la polémica general que de querer que su plan gane la contienda.

De ser cierto, habrá que profundizar la denuncia

Se necesitan más argentinos con capacidad mediadora entre los poderes y los representantes de las bases que hacen notar las necesidades grupales.

Una vez superado este silenciado problema, veremos qué sucede con esta “Secundaria del Futuro”, por la que los asesores tutelares dicen que la información que ofrece el Ministerio de Educación es insuficiente y falta de veracidad.

Las crónicas dan cuenta de que cuando hubo tomas, los alumnos pretendían que el Ministerio de Educación de la Ciudad informara detalles de la reforma educativa. Más allá de las formas, cuya discusión debe ser planteada en otro ámbito, en los tiempos que corren, la incertidumbre acerca de qué y cómo se va a enseñar y aprender, bien amerita una reunioncita como para decir: “muchachos, a partir de ahora hay que estudiar el comportamiento de los caranchos, por si nos convertimos en tales hacia el Siglo XXII”.

Los asesores tutelares

Discutible, pero no desdeñable. Hay que hacer ambas cosas: trabajar hoy con lo que hay y proyectar con criterio acordado.

Hay que hacer ambas cosas: trabajar hoy con lo que hay y proyectar con criterio acordado.

En la Educación, desde el advenimiento definitivo de la Democracia, permanentemente hay quejas y hay contraquejas en pos de los sistemas educativos que, gane quien gane en las discusiones, siempre, indefectiblemente, terminó dejando saldo negativo. A veces, hemos empeorado en cuanto a la capacidad de comprender texto por parte de millones de alumnos, otras por comprobar que matemáticamente, millones de alumnos tardan 4 años más de lo habitual en comprender ciertas cuentas básicas y otras por comprobar que, tecnológicamente hablando, la inmensa mayoría de los argentinos de las nuevas generaciones no saben absolutamente nada del universo digital, informático y conectivo, más allá de las mínimas e indestacables capacidades que cualquiera tiene para operar los programas y apps en los actuales dispositivos, que dejan todo preparado para que cualquier fierita lo domine.

El documento presentado por los asesores tutelares Mabel López Oliva y  Gustavo Moreno a la jueza Cecilia Molica Lourido, pide un análisis sobre de´qué se trata la reforma. En noviembre hubo una medida cautelar. En esa instancia, la Sala II de la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo y Tributario ordenó una mesa de trabajo con estudiantes, padres, y docentes. El grupo comenzó a operar el 27 de diciembre de 2017 con la veeduría del juzgado. como resultado, se consideraron razonables de los pedidos de los estudiantes secundarios. Luego, el el Ministerio de Educación negó el requerimiento del Ministerio Público Tutelar de información referida a las 10 escuelas piloto para implementar la reforma.

La discusión sigue y hay que ponerse de acuerdo lo antes posible. Una odiosa pero reveladora comparación: mientras en la Argentina se busca entender cuál es la Secundaria del Futuro, en Estonia, hace más de una década se estableció que los alumnos del 1er grado de la primaria ya aprendan código de programación informática y de internet. ¿Queré’ futuro, queré’?


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