Domingo 19 de Noviembre de 2017    

Día de la Tradición

Viernes, noviembre 10, 2017
Por Redacción Diario 5

Martín Fierro amerita relecturas permanentes.

 

 

Las muestras de conocimiento del mal pasar, de la virtual esclavización del gaucho, de un sufrimiento que no se observa como una pauta de ficción, sino, más bien como un testimonio, son parte de cierto recelo que José Hernández despertó en una gran parte de sus consociales, molestos por el “deschave” abierto al mundo, que dejaba al descubierto al argentino clásico, habitué de los más exclusivos restaurants parisinos, como un verdadero canalla.

En el Día de la Tradición, una parte del primer canto del Martín Fierro de José Hernández, cuando, luego de escaparse de la vida militar, encuentra una cambio en su vida que lo transforma -cada uno dirá, en base a sus convicciones ideológicas, si justificadamente o no- en un marginal peligroso.

 

 

Volvia al cabo de tres años
de tanto sufrir al ñudo,
resertor, pobre y desnudo,
a procurar suerte nueva,
y lo mesmo que el peludo
enderesé pa mi cueva.

No hallé ni rastro del rancho;
sólo estaba la tapera.
¡Por Cristo si aquello era
pa enlutar el corazon!
Yo juré en esa ocasion
ser mas malo que una fiera.

¡Quién no sentirá lo mesmo
cuando ansi padece tanto!
Puedo asigurar que el llanto
como una mujer largué.
Ay, mi Dios, si me quedé
mas triste que Jueves Santo!

Solo se oiban los aullidos
de un gato que se salvó:
el pobre se guareció
cerca, en una viscachera;
venia como si supiera
que estaba de güelta yo.

Al dirme dejé la hacienda
que era todito mi haber;
pronto debíamos volver,
sigun el Juez prometia,
y hasta entonces cuidaria
de los bienes la mujer.

Despues me contó un vecino
que el campo se lo pidieron,
la hacienda se la vendieron
pa pagar arrendamientos,
y qué sé yo cuántos cuentos;
pero todo lo fundieron.

Los pobrecitos muchachos,
entre tantas aficiones,
se conchavaron de piones.
¡Mas que iban á trabajar,
si eran como los pichones
sin acabar de emplumar!

 

 

Por ay andaran sufriendo
de nuestra suerte el rigor:
me han contado que el mayor
nunca dejaba á su hermano;
puede ser que algun cristiano
los recoja por favor.

¡Y la pobre mi mujer,
Dios sabe cuánto sufrió!
Me dicen que se voló
con no sé qué gavilan,
sin duda á buscar el pan
que no podia darle yo.

No es raro que á uno le falte
lo que á algun otro le sobre;
si no le quedó ni un cobre
sinó de hijos un enjambre,
qué mas iba á hacer la pobre
para no morirse de hambre

¡Tal vez no te vuelva á ver,
prienda de mi corazón!
Dios te dé su protecion
ya que no me la dió á mí,
y á mis hijos dende aquí
les echo mi bendición.

Como hijitos de la cuna1
andaran por ay sin madre.
Ya se quedaron sin padre,
y ansi la suerte los deja
sin naides que los proteja
y sin perro que les ladre.

Los pobrecitos tal vez
no tengan ande abrigarse,
ni ramada1
ande ganarse,
ni rincón ande meterse,
ni camisa que ponerse,
ni poncho con que taparse.

Tal vez los veran sufrir
sin tenerles compasion;
puede que alguna ocasion,
aunque los vean tiritando
los echen de algun jogón
pa que no esten estorbando.

Y al verse ansina espantaos
como se espanta á los perros,
iran los hijos de Fierro,
con la cola entre las piernas,
a buscar almas mas tiernas
o esconderse en algun cerro.

Mas tambien en este juego
voy á pedir mi bolada
a naides le debo nada
ni pido cuartel ni doy,
y ninguno dende hoy
ha de llevarme en la armada.

Yo he sido manso, primero,
y seré gaucho matrero
en mi triste circustancia,
aunque es mi mal tan projundo,
nací y me he criao en estancia,
pero ya conozco el mundo.

Ya les conozco sus mañas,
le conozco sus cucañas,
sé como hacen la partida,
la enriedan y la manejan:
desaceré la madeja
aunque me cueste la vida.

Y aguante el que no se anime
a meterse en tanto engorro,
o si no apretese el gorro,
o para otra tierra emigre;
pero yo ando como el tigre
que le roban los cachorros.

Aunque muchos cren que el gaucho
tiene alma de reyuno,
no se encontrará á ninguno
que no lo dueblen las penas
mas no debe aflojar uno
mientras hay sangre en las venas.


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