Viernes 19 de Enero de 2018    

La Noche de las Librerías evoca una bohemia adormecida

Sábado, noviembre 30, 2013
Por Carlos Allo

Todos los años tiene buena respuesta. Se estima que esta vez no será la excepción. Es que Buenos Aires tiene fama en el mundo por varios encantos urbanos, incluyendo ese paseo por la Avenida Corrientes de librerías abiertas de trasnoche, cuyo efecto no todos captan en su totalidad y, a continuación, procuraremos desentrañar:

Cualquier joven que en los años 50; 60 ó 70 no sentía atracción por los lugares standard de diversión (boliches y lugares de baile), se podía refugiar un sábado a la noche en los ultrabohemios bares de Buenos Aires viendo el andar de las miles de personas que entraban y salían de cines y teatros (la reducción de cines en la Avenida Corrientes durante los 80 y 90 es de una tasa de espanto) y eso ya planteaba la base de una buena performance nocturna, ya que era imposible sentirse solo: centenares de jóvenes convergían en el mismo sector urbano con criterios e intenciones hermanadas. El vínculo entre ese “arranque de la noche” en Politeama, La Paz, el Ramos, El Foro, La Giralda o El Vesubio y el posterior anaqueleo de discos y libros en los tantísimos locales disponibles para familiarizarse con títulos y contratapas transformaban a estos lugares en los  enclaves porteños reservados para especiales degustadores de la nocturnidad.

Si bien al paso del tiempo, con los cambios de costumbres urbanas de las nuevas generaciones no se perdió la opción de disponer de la librería durante la madrugada de un domingo, no viene mal reforzar ala memoria colectiva que estos hábitos, bien estimulados, aportan mejor calidad de vida. La lectura, tanto en pos del entretenimiento, del conocimiento, de liberar las pasiones o – apelando al simple ideal- por placer, se hace de los libros. Y son los libros los que tienen que estar siempre disponibles, siempre tentadores, siempre seductores, en sus versiones de ediciones nuevas o en las mesas de usados, de ofertas y promociones.

nochelibreriasPor supuesto que la Noche de las Librerías es un terreno armado en función de un efecto comercial para que los comercios eleven el monto de facturación… ¿habría que negarlo? ¿acaso habría que evitarlo? ¿es una actitud denunciable? Vivimos bajo el signo del marketineo permanente para el consumo de centenares de productos y servicios que no nos sirven para mucho (por ser elegantes) e incluso con un factor/repetición hasta molesto (el promedio 230 mensajes de texto anuales que recibe un usuario de telefonía celular para consumo de complementos del servicio debería ser suficiente para entenderlo). A partir de allí, comprendemos con absoluta apertura mental que el mercado de la bibliografía se encuentra en el cénit del ejercicio de sus derechos de intentar vendernos algún que otro libro más de los que habitualmente compramos (aquí no querríamos detenernos a preguntar a cada uno de quienes cayeron circunstancialmente en el foso de esta lectura cuántos libros compra anualmente y cuántos lee por lustro).

Es esta noche. A disfrutar, como esos que salían de Politeama y se encontraban en la librería El Libertador con una coetánea, desconocida hasta el momento, que salía del Rojas y hacían de Buenos Aires la ciudad perfecta, la ciudad de una bohemia que hoy puede salir de su letargo de smartphones, auriculares, pantallas HD y redes antisociales

 

 

 


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