Sábado 23 de junio de 2018    

Buenos Aires 1847: Casas Rojas (Samuel Greene Arnold)

Martes, febrero 16, 2016
Por Redacción Diario 5

El Libro de Buenos Aires es una recopilación que, ahora lo sabemos, ha recibido críticas y elogios que no quisimos dejar pasar: Los puristas de la defensa del libro como fuente genuina de la propia cración del autor (nuestro compañero Marcelo Zanotti, entre ellos) consideran que este tipo de trabajos apenas le dejan derecho al compilador a figurar en la penúltima página de la impresión, pero que su nombre no debería figurar en la tapa. Marcelo entiende que, de esa manera, la fiebre por ir a buscar el material creado por otros y llevarse el vanidoso placer de figurar, se terminaría de inmediato si una nueva ley de derechos de autor más una nueva ley de ediciones gráficas así lo reglamentara.

Zanotti promete muy pronto ampliar acerca de su idea. Definitivamente son muchos los volúmenes publicados a modo de compilación. El que nos ocupa hoy, tiene el emérito de pertenecer a la era anterior al desarrollo definitivo de internet. Fue editado en tiempos en que la web no había avanzado al punto de que cualquier tema pudiera tener una respuesta (aunque aún no alcance ni su grado de confiabilidad básico)

Las descripciones arquitectónicas de la Buenos Aires de antaño son algunas de las más buscadas por muchas personas que se devoran registros de todo origen para nuestra Ciudad. Por suerte, Alvaro Abós, en El Libro de Buenos Aires, encontró varias y la de Arnold, que leeremos a continuación, encima nos ubica maravillosamente en la realidad política de los tiempos de Juan Manuel de Rosas. Imperdible. Invito. Carlos Allo.

Buenos Aires, 1847 – Tienda de Esquina en Montserrat

Las casas son, en su mayor parte, de un piso, aunque muchas tienen dos y muy pocas tres; todas son de ladrillo revocado y pintadas de blanco, aunque algunos rosistas exagerados han pintado las suyas de rojo, el color federal. Los techos son chatos. Las casas se construyen con dos y a menudo tres patios, con piso de ladrillo y a veces de mármol: la piedra escasea en este país. No hay árboles por la ciudad. Las ventanas sobre la calle y los patios del frente están todos protegidos por verjas de hierro, para poder dejar aquéllas abiertas sin peligro con el tiempo caluroso. El clima de aquí es muy parecido al nuestro en verano, variable: hoy cálido y mañana frío, sujeto a repentinas y frecuentes tormentas. He visto el termómetro arriba de 90° y al día siguiente abajo de 70º *, pero en invierno es mucho más suave que el nuestro. El agua es muy mala, llena de insectos, provoca disenterías y puede beberse únicamente con vino; empero la gente de aquí no le da importancia y se sorprenden de que a mi no me gusten los insectos vivos que se mueven y flotan en el agua, La fruta es abundante: duraznos e higos y sandias especialmente; los duraznos son sabrosos cuando están maduros, pero generalmente se les recoge cuando están duros y no son buenos.

Hay aquí mucha pobreza, en las calles abundan los ciegos y toda clase de enfermos. Los mendigos tienen permiso del gobierno; el sábado es el único día que salen a pedir. Las principales enfermedades de este país son nerviosas y reumáticas; el tétano es muy frecuente, una ligera herida superficial a menudo lo provoca. Hay unos desórdenes nerviosos y una parálisis repentina que son un misterio, con dolores e inflamaciones en las articulaciones; todo desaparece como apareció, sin causa aparente, después de un corto tiempo. A esta clase de enfermedades las llaman “un aire”. Observé que el dolor de muelas es muy común en Brasil y también aquí.

 

* Grados Fahrenheit. Corresponden a nuestros 33° y 23°.

© Emecé Editores


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