Sábado 23 de junio de 2018    

Creciendo durante el S XX

Lunes, junio 11, 2018
Por Redacción Diario 5
La Avenida de Mayo en 1914

La Avenida de Mayo en 1914

En medio del clima especial que despierta la Copa del Mundo, le hacemos un paneo a la pluma de Eduardo Archetti, que en su libro “Masculinidades, Fútbol, Tango y Polo en la Argentina”, inserta a Buenos Aires dentro del contexto de lo que él investigó como bases de una construcción cultural y lo llamó Introducción: Estructuras y Perspectivas – Buenos Aires y la Nación.

Hacia el año 1920, la Argentina ya había alcanzado una transformación social y económica, y se había consolidado como una democracia incipiente. El país había “resistido” la “invasión” de millones de inmigrantes y los “cataclismos” provocados por las nuevas tecnologías, conexiones globales, la inmersión en el mercado internacional y la urbanización masiva (hacia 1914, el 53% de la población argentina era urbana). El país y la ciudad de Buenos Aires no sólo eran heterogéneos en el sentido objetivo de ser el producto de mezclas étnicas y culturales. sino que también así eran imaginados por intelectuales, escritores, políticos y por supuesto, por la población en general (ver Halperín Donghí, 1987; Sarlo 1996; Bernand 1997).

No resultaba fácil ni lo es ahora, imaginar “una comunidad nacional homogénea” en este contexto histórico. En ese sentido, podemos aceptar que se precisa ‘ya mucha más imaginación que la necesaria para imaginar 10 nacional en sociedades étnicamente más homogéneas y con cambios demográficos menos abruptos. El análisis del imaginario masculino nacional argentino es por lo tanto, una arena importante para trabajar y tal vez confrontar, las hipótesis y los métodos de trabajo de los enfoques antropológicos que enfatizan que las identidades son construidas y las naciones son productos de la modernidad (Eriksen 1993: 99-102). La situación argentina, como la situación estadounidense o canadiense, obligan al investigador a pensar lo “nacional”, teniendo en cuenta la inmigración como factor social primordial, e interrogar cómo este proceso condicionó y aún condiciona imaginarios, identidades – tanto individuales como colectivas símbolos, significados y modelos de la transformación social y cultural; en particular, la transformación de extranjero a “nacional”. Aun más, la búsqueda de lo “nacional” requiere, de ser posible, una metodología antropológica menos dogmática y tradicional, donde los datos deberán surgir necesariamente de la observación participativa y de las charlas con informantes seleccionados, así como de la diversidad de fuentes escritas.

Ubicación del trabajo de campo y los informantes

Comprendí muy pronto que en el proceso de investigación era importante reflexionar de manera crítica, sobre mi distancia relativa respecto de lo “nacional” en la Argentina. Era necesario encontrar una perspectiva, un punto de vista específico en el proceso de comprensión y selección de objetos y eventos que deberían ser mostrados en su conexión recíproca y al mismo tiempo, deberían también establecer un campo de estudio. En mi caso, el proceso de pensamiento y búsqueda de lo nacional era aún más intrincado porque soy argentino y provinciano, nacido en Santiago del Estero, una antigua ciudad del noroeste.

Hice mis estudios secundarios en un internado en la ciudad de Córdoba, pasé siete años en Buenos Aires como universitario y abandoné el país en 1968. Volví de París a fines de 1972 y realicé trabajos de campo durante dos años en el norte de la provincia de Santa Fe, entre Productores rurales de algodón  descendientes de inmigrantes de la región de Friuli, al norte de Italia. Dejé Argentina nuevamente a fines de 1974, trabajé como antropólogo en Zambia, Noruega y Ecuador y me establecí en forma permanente en Noruega. Volví a la Argentina en 1982 y me sorprendí al descubrir, mientras asistía a un partido de fútbol, que lo estaba viviendo más como un antropólogo que como un hincha. Por primera vez en mi vida de fanático de fútbol vi algo que podía llamarse “cultura” en el comportamiento de la muchedumbre y en el desempeño físico de los jugadores.

Durante las dos horas que permanecí en el estadio, experimenté el flujo colectivo de movimientos y emociones y la movilización de ideas y conceptos. Percibí diferenciar 3 y similitudes, sonidos y olores, brutalidad y juego limpio, el y el presente y me dí cuenta de que estaba comparando lo que veía con otros estadios lejanos.


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