Lunes 19 de febrero de 2018    

Archietti: Estructuras y perspectivas

Lunes, febrero 5, 2018
Por Amalia Gutiérrez
bsas1920

Los barrios aparecieron en 1910, como creaciones políticas y culturales.

No siempre nos encontramos con que el armado de libros basados en la recopilación de material de otros nos satisfaga como esperamos. De hecho venimos marcando terreno con la clara necesidad de que revalorice a todo nivel -y se reconozca- el trabajo de los creadores de obra artística con la misma jerarquía con se aplaude a los intérpretes de TV en la novelas, los cantantes que graban covers de canciones creadas décadas antes y los que hacen remakes de películas que fueron taquilleras en los años 50 y 60, cuando el cine era parte de la vida misma.

De manera que ingresamos en cada obra de “rescate” del material de terceros con cierta cautela.  La producción del antropólogo Eduardo Archetti es una recopilación. Pero muy seria. Vale realmente como trabajo de investigación acerca de la evolución de la sociedad, en su libro Masculinidades, Fútbol, Tango y Polo en la Argentina”. Nos estamos devorando su relato en el capítulo ESTRUCTURAS Y PERSPECTIVAS – Buenos Aires y la Nación.

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La expansión continua y acelerada de la ciudad creó nuevas áreas residenciales. En la parte norte, hacia la estación central de Ferrocarril de Retiro y el cementerio de la Recoleta. la Avenida Santa tan de moda, pasó a ser el corazón de un barrio muy burgués y aristocrático. Este barrio se unía a Belgrano por los parques de Palermo y a otras localidades al norte, que luego pasaron a ser barrios exclusivos. Hacia el oeste, a lo largo de la. Avenida Rivadavia se consolidaron nuevos barrios de clase media: Congreso. Once, Almagro. Caballito y Flores.

El barrio del Once, con la construcción de la estación del Ferrocarril Oeste, generó un área residencial y comercial de gran importancia, donde se instalaron los inmigrantes judíos, armenios, sirios y libaneses. En este área estaba ubicado el colosal mercado de alimentos del Abasto, una especie de Marché des Halies parisino. Hacia el sur, la ciudad tomaba más industrial y la clase trabajadora inmigrante se instaló alrededor de las fábricas en los barrios de la Boca y Barracas. Si bien la ciudad podía expandirse sin límites hacia el oeste y el norte, el sur estaba limitado de manera natural por el Riachuelo, aunque al instalarse nuevas industrias en Avellaneda, Lanús y Quilmes, la ciudad se extendió más allá de sus límites naturales. Hacia el este, el obstáculo que presentaba el Río de La Plata superaba los límites de las posibilidades técnicas. Todas estas áreas se integraron rápidamente ala vida de Buenos Aires a través de la expansión de los sistemas de transporte, principalmente los ferrocarriles y más tarde, en la década del 20, a través de la expansión de pequeños ómnibus (colectivos). El crecimiento de la ciudad en todas estas direcciones creó el arrabal   área que se encontraba en el límite de la pampa y marcaba la transición entre lo urbano y lo rural (Gorelik 1996). Se puede decir que la ciudad de Buenos Aires se conformó históricamente por la yuxtaposición de tres paisajes: el centro, un espacio abierto a todos los habitantes, visitantes y turistas; el barrio, una localidad, un lugar particular “cerrado” donde convivían, en algunos casos, distintas clases sociales y grupos étnicos; y el arrabal, un área peligrosa y liminar, ocupada por la población marginal. Más adelante será explorada la importancia de estas divisiones en la imagen de la ciudad.

Gorelik (1996), historiador de la ciudad de Buenos Aires, ha demostrado que los barrios aparecieron en 1910, no sólo como consecuencia más o menos automática de la expansión urbana sino principalmente como creaciones políticas y culturales. Uno de sus argumentos principales es que el barrio era, sobre todo, un espacio público bien definido, precedido por vecindarios con un cierto grado de articulación social (1996: 218). En el barrio las organizaciones civiles locales -desde donde surgían todo tipo de iniciativas para abastecerlo con diferentes servicios y lugares de recreación: cooperativas, bibliotecas públicas, clubes, y lugares comunes como plazas y parques- los límites y la identidad del vecindario (ver también Armus 1996). Gorelik sostiene que en este espacio, el barrio pasaba a ser un lugar tranquilo, doméstico y apacible, conquistado y dominado por los paseantes.

El ideal de casa para una familia era su construcción cerca de un espacio verde  un parque 0 una plaza. Este patrón residencial era de suma importancia en las aspiraciones de las clases trabajadora y media de origen europeo (1996: 220-33). En el vecindario, la calle era el espacio público común, mientras que en el barrio, los parques y plazas creaban un sentimiento de pertenencia comunitaria. En 1920, la cultura de los barrios se vio reforzada por la consolidación del fútbol organizado, ya que los clubes representaban a los diferentes barrios; por los bailes, marcados por el apogeo del tango y en los clubes, confiterías danzantes y bares. Es importante agregar a estas instituciones, la escuela primaria pública que también definía un área de participación local. A través de la educación pública, el estado argentino intentaba desarrollar un sentimiento de nacionalidad entre las hijas e hijos de inmigrantes. Las responsabilidades cívicas en las instituciones locales, la escuela y el trabajo -en el caso en que las industrias estuvieran ubicadas en el barrio coexistían con la posibilidad de disfrutar del tiempo libre en espacios verdes, clubes y bares. El rol de los bares en la vida diaria era el de proveer un lugar donde se privilegiaba la amistad, los chimentos y la socialización. Gorelik, al respecto afirma:

Por diferentes razones, estas instituciones están moldeadas por un importante componente urbano, en el sentido de que constituyen sociedades definidas localmente en relación con un territorio concreto que se encuentra dentro y a la vez opuesto a una ciudad mayor; producen un espacio público localizado, un espacio plagado de relaciones sociales y culturales y transforman el pequeño universo de calles y edificios del barrio en un lugar histórico. Este lugar histórico no estará definido por una tradición como los distritos de las ciudades europeas tradicionales, ni tampoco por un destino, como la vecindad de un proceso de modernización urbana sin sentido, sino por un proyecto (énfasis del autor); (Gorelik 1996: 236-7).


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