Viernes 19 de Enero de 2018    

Buenos Vecinos, 10 años

Lunes, diciembre 19, 2011
Por Redacción Diario 5

Por Roberto C. Neira

El 19 de diciembre de 2001 se constituyó sin duda en el Día Nacional del Cacerolazo, un elemento de protesta impensado para estas épocas, sobre todo si tenemos en cuenta la pasividad que expresaron la mayoría de los argentinos en la última década privilegiando situaciones personales e individuales, antes que solidarizarse con los problemas que sufría el conjunto de la sociedad.

Hoy, a la hora de hacer un balance y cuando los ruidos de las cacerolas parecen haberse apagado (aunque no precisamente porque las cosas marchan mejor que antes), es bueno analizar cuál fue el efecto residual que nos dejaron estas demostraciones multitudinarias que provocaron el éxodo de dos presidentes y de decenas de ministros y funcionarios.

Asomando mis narices por algunas asambleas vecinales de la ciudad pude descubrir que los vecinos comenzaron a conocerse de otra manera.

A la vieja usanza, volvemos a cruzar saludos con quien vive en la misma calle a unas puertas de distancia; reconocemos con un BUEN DÍA!!! al portero de un edificio contiguo; nos detenemos ante una puerta para conversar -aunque más no sea del tiempo- con otro vecino y nos cruzamos con muchos otros en la panadería o en alguna despensa de barrio para discutir y analizar las cosas que nos pasan.

El vecino pasó entonces a ser un amigo… Alguien en quien confiar.

Creo que desde la década de los setenta esto no ocurría en la ciudad. Y muchos fueron los factores para que los vecinos decidiéramos pasar de largo bajando la vista o evitando cruzar nuestras miradas como si ofrecer un saludo fuera algo vergonzoso o impúdico.

Una de las causas y creo que la más importante, fue la desconfianza que sembró el Estado en la ciudadanía a partir del golpe militar de marzo de 1976, cuando todos los argentinos estábamos sospechados de conspirar contra las instituciones del país.

Un vecino de aquéllos días negros, maestro, obrero, estudiante o profesional y de quien no se sabían mayores datos, era observado a la distancia y de reojo.

En muchos casos la delación por miedo, ignorancia o alguna otra causa, provocó que muchos vecinos inocentes fueran arrestados por el solo hecho de pensar diferente que el resto o criticar a la dictadura militar desde una visión lógica de la realidad.

La cuestión es que desde el retorno a la democracia, hace ya casi 20 años, es precisamente éste el momento en que los ciudadanos decidieron tomar el toro por las astas para participar directa o indirectamente en las asambleas vecinales.

No fue sólo para defender sus derechos involucrados en “el corralito financiero”, sino también para resolver los problemas de cada barrio…

Casos concretos son: la provisión de alimentos para los más necesitados; el arreglo de veredas rotas; la transformación de un baldío en una plaza; la promoción de actividades para los jubilados; la organización de encuentros culturales y sociales; la apertura de los clubes de trueques (recientemente apareció uno en el Barrio Norte) y de esta manera evitar la burocracia municipal que, por lo general, hace que el Gobierno de la Ciudad cada vez se encargue de menos cosas.

Aunque todavía se necesita mucha más participación de la gente, lo importante es que ya no resulta demasiado extraño escuchar un “BUEN DÍA VECINO!!!”, en cualquier calle de Buenos Aires.


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