Sábado 16 de Diciembre de 2017    

Alexander Gillespie – 1807 – Reuniones familiares

Domingo, mayo 10, 2015
Por Redacción Diario 5

La reveladora crónica de Alexander Gillespie, Reuniones familiares, habla de la Buenos Aires de 1807. Varado en la lejana tierra sudamericana tras las caprichosas invasiones inglesas, el mayor del ejército inglés, Alexander Gillespie, vivió algunas situaciones que lo llevaron a recordar la vida de aquella Buenos Aires.

Era invierno cuando nos adueñamos de Buenos Aires;

durante esa estación Se daban tertulias o bailes todas las noches en una u otra casa. Allí acudían todas las niñas del barrio, sin ceremonia, envueltas en sus largos mantos, y cuando no estaban comprometidas, se apretaban juntas, aparentemente para calentarse, en un sofá largo, pues no había chimeneas y se utilizaba el fuego solamente con frío extremo, trayéndose al cuarto en un brasero, que se Coloca Cerca de los pies, y entonces ningún extranjero deja de sufrir jaqueca por los vapores del carbón.

No se ofrecían refrescos en estas ocasiones, a las que unos pocos eran especialmente invitados y donde todos, aun los ligeramente presentados, eran bienvenidos. Los valses estaban en boga y la música era de piano acompañado con guitarra, que todos los rangos tocaban. Ninguna otra matrona, a no ser la de casa, estaba presente, quien era su única protectora, y todos se iban a las diez. Cuando cualquiera del clero entraba, se producía una reserva general y tan cohibidas estaban las damas por un sentimiento transitorio de decoro y de servil fanatismo, que exclusivamente se dirigían a él durante su estada. Había algunos literatos y caballeros entre el clero secular, pero la pluralidad que vimos tenia mejores disposiciones para agentes del diablo, por su ignorancia, sus vicios e iliberalidad, que para escogidos espirituales en la propagación de las verdades sagradas de su vocación cristiana y sus generosos preceptos.

La música era teñida como una perfección preeminente y no se ahorraban gastos con ese fin, sea en instrumentos o composición. Estos artículos siempre tendrán venia vn Aires, pues tienen una debilidad por ambos, cuando son de manufactura inglesa.

Como en todos los países lindantes con un estado natural, la poesía parece el genio conductor de las clases inferiores en esta parte de la América del Sur, pues al pedírsele a cualquiera que toque la guitarra, siempre la adaptará a estrofas improvisadas Y convenientes, con gran facilidad.

Los jefes de familia demostraban su gran bondad hacia nosotros, por sus ofrecimientos de dinero y de todas las comodidades, pero siempre había una reserva visible en ellos y un descontento evidente en la enunciación de cualquier terna político O religioso, que necesariamente chocaban con sus nociones. Los que presumían espetarlos, muy pronto se percataban de una enajenación de su favor Y de sus maneras cordiales, y algunos ingleses que así se habían conducido, dejaron de ser visitantes bienvenidos.

Un día recibí invitación para una Comida de un Capitán de ingenieros, cuyos detalles describirá como probablemente demostrativos de las Costumbres generales en Ocasiones de Ceremonia. Todos los que se sentaron a una mesa muy larga, profusamente tendida, fueron tres: su esposa, el capitán Belgrano y yo. No había sirvientes presentes en ningún tiempo, excepto cuando entraban o sacaban los Servicios, que Consistieron en veinticuatro manjares: primero sopa Y Caldo y sucesivamente patos, pavos y todas las cosas que se producían en el país, con una gran fuente de pescado al final y fuimos servidos durante la Comida por Cuatro de sus parientes más cercanos, que nunca se sentaban. Los vinos de San Juan y Mendoza se hicieron circular libremente y mientras gozábamos de nuestros Cigarros, la dueña de Casa con otras dos damas que entraron, nos divirtieron con algunos lindos aires ingleses y españoles en la guitarra, acompañados por esas voces femeninas. Comimos a las dos, y la compañía se deshizo, para su siesta, a las cuatro.

Alexander Gillespie. Mayor del ejército inglés que invadió Buenos Aires en 1806. Estuvo prisionero en San Antonio de Areco y Calamuchita. En 1818 escribió sus memorias traducidas al castellano en 1921 por La Cultura Argentina, Buenos Aires, con el título de Buenos Aires y el interior. Observaciones reunidas durante una larga residencia.


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