Domingo 18 de febrero de 2018    

Códigos permanentemente renovados

Sábado, junio 4, 2016
Por Redacción Diario 5

adolescentes

El tema es, definitivamente, cultural. Es probable que todos los días nos encontremos con nuevos códigos de comunicación surgidos de la inventiva joven. Lo habíamos experimentado nosotros y nuetros padres y abuelos aportaron también, cada uno a su tiempo.

En los 60s, las chicas, cuando estaban encantadas con una idea, decía ¡Regio!. También pudimos saber en aquella, nuestra etapa de la infancia (esponjas para el conocimiento) que de las tribus marginales del rock ya usaban la palabra “loco” para dirigirse unos a otros, reemplazando el viejo “pibe!”. Sin embargo, la identificación “Flaco” se le puso a la par en los 70 y ya para toda la juventud, tuviese el gusto que tuviese, tanto por la música como por la indumentaria, factor que también generaba tribus.

Las inserciones de código fueron miles a través de los últimos 50 años, destacándose, lamentablemente una alta incorporación de expresiones extranjeras. De todos modos, para no hacer tanta referencia a “toques” idiomáticos del pasado y centralizarnos en los tips actuales, comprobamos que al asunto lo analizó brillantemente Jorge Otermin en su nota “El Siempre Cifrado Lenguaje Adolescente:

Una amiga le escribe a otra: “alta Fiesta blda la de anoche” mediante mensaje de texto en su celular; la otra responde: “sep alta mal”. Quien escribe esta nota tuvo que recurrir a sus tres hijos adolescentes para traducir estas frases. E1 relato entonces quedaría así: “Qué hermosa fiesta, querida. la de anoche. “Si, estuvo muy buena. Existe un neolenguaje que evolucionó como parte de la propia dinámica de la adolescencia, pero también influido por los códigos que imponen las nuevas tecnologías (mensajes de texto por celular, chats informáticos o redes sociales), donde la síntesis pareciera ser el objetivo de máxima para comunicarse más velozmente, antes que el propio significado.

Dice Pablo Urbaitel en “Adolescencia, tribus urbanas y cultura joven”, refiriéndose particularmente al lenguaje: “Posee las mismas características que otros elementos de la cultura juvenil, intenta reconstruir un universo singular que los distancie del otro (adulto u otros jóvenes), Para ello construyen una sintaxis particular, que como en cualquier lengua sólo puede ser comprendida por quien la conozca. Este lenguaje desacartonado e informal probablemente posea un vocabulario menos rico, con palabras cargadas de una multiplicidad de significados”. Otro trabajo, de la uruguaya María Antonieta Dubourg, afirma que en todas las épocas los jóvenes “se expresaron en forma distinta de la del grupo etario al que no pertenecen”, con cambios de significado en palabras como “Obvio”, que para el diccionario significa “que se encuentra delante de los ojos” pero que para los adolescentes quiere decir “por supuesto, seguramente”, con un tono despectivo y una exagerada pronunciación arrastrando la b. O como el caso de la errónea conjugación del verbo caber, donde se vulgariza “me cupo” por “me cabió”, en alusión a alguien que le cayó bien o le gustó. Un gracioso video del programa de Peter Capusotto lo demuestra mejor desde el humor. El supuesto subsecretario del Ministerio de Educación, Juan Strasnoy, se refiere al mal uso que hacen los jóvenes del idioma y cómo lo llevan “lentamente a su destrucción”. El funcionario elogia a su entrevistado: “¡Qué lindas zapatillas que llevás!”, a lo que el otro contesta: “¡Sííí, altas llamas!”. Luego le consulta cómo le pediría al mozo que se apure con la milanesa que ordenó: “¡Eh, vieja! ¡Habilitá la milanga que vengo con una lija bárbara!”. O el otro caso, donde le dice: “Divisás, allá a lo lejos, una chica muy linda que está vestida de manera muy sugerente … ¿qué le decís?”y responde: “¡Eehhh! …. ¡estás zarpada en gata vos, che!”.

Existe una preocupante estadística que indica que mientras en la década del 80 el vocabulario de un adolescente estaba compuesto por 1000 palabras, actualmente apenas llega a 350. La licenciada Mirta Susana Mendizábal, que preside el Colegio de Fonoaudiólogos dela Provinciade Buenos Aires, regional Bahía Blanca, adjudica dicho empobrecimiento “a la cada vez mayor actitud de soledad de los chicos frente a la computadora, donde el juego es a sí mismo, no hay diálogos, sólo virtuales y con pares en las mismas condiciones. A lo que se suman los continuos cambios de planes de estudio que no llegan a lograr un criterio Único educativo y a la amplia deserción escolar producto de la pobreza y la desocupación”.

Otros se lo adjudican al uso abreviado que impone la tecnología informática. Inés Dussel, investigadora de FLACSO, dice que “la aparición de nuevas tecnologías suele generar una especie de pánico moral ante las pérdidas. Hoy sorprende saber que cuando Gutenberg inventó la imprenta, algunos de sus contemporáneos dijeron que traería aparejado el declive de la memoria”. Pero, ¿se empobrece el lenguaje con estas transformaciones? Dussel dice, en un artículo de su autoría que escribe para un diario:

“En pleno sufrimiento por tener 2.100 caracteres para esta columna, valoro mucho a quien pueda decir algo inteligente y provocador en sólo 140, como se hace en Twitter”.

El léxico del ciberespacio acorta las palabras y les inventa un código en común. Los chicos escriben “q” en lugar de “que”, y arman siglas para expresiones como “bsss” en lugar de “besos”, “tqm” o “tkm” por “te quiero mucho” y simplemente “salu2” como “saludos”. Ni que hablar de la revalorización de la letra “k” en reemplazo de la “q”: “ké hacemos”, “te kiero”, etcétera.

En los remotos 80 los rudimentarios emoticones, que utilizaban símbolos del alfabeto como el paréntesis o los dos puntos, fueron los que abrieron camino. Hoy todavía se utilizan en conversaciones por chat o msn: 🙂 para sonreír; 😛 para una burla; como una mirada desafiante; 🙂 un guiño; 😮 sorpresa: :@ enojo.

 

Internet ha dejado indudablemente su huella, también en el lenguaje; lo simplifica, lo hace más corro y directo y esto produce cambios en la lectura y la escritura, se vuelve más simple pero más perezosa, aunque algunos se aventuran a decir que hasta es más eficaz. Tal la afirmación reciente del educador e investigador Antonio Banro, discípulo del gran maestro Jean Piaget, quien cita a manera de dilema shakespeareano “to click or not to click”, en obvia alusión al importante aporte que está brindando la plataforma informática en la educación bien entendida y también aprendida.

Jorge Otermin es redactor de la revista Premium de Ambito Financiero, fuente del contenido central.


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