Jueves 17 de enero de 2019  

Subterráneos de Buenos Aires: una discusión eterna

viernes, septiembre 29, 2017
Por Carlos Allo

Futura red de Subtes porteños

El subterráneo en la Ciudad de Buenos Aires fue y es motivo de discusión permanente. No cabe ninguna duda de que lo referido a la renovación de la ciudad tuvo su pico más notable en tiempos de administraciones no legitimadas. La instancias económicas de estos gobiernos y las eventuales crisis que los atravesaban, no son comparables con las etapas de riesgo que debieron atravesar los gobiernos constitucionales posteriores a 1983, Menem incluido.

Osvaldo Cacciatore contó, en tiempos de marcar el paso al ritmo de la dictadura,  con un poder gigantesco tanto desde el punto de vista económico como, por supuesto, del político. Esto o lo llevó a realizar varias planificaciones, buena parte de ellas comprendidas como obras faraónicas, como las de las autopistas urbanas, no por las obras en sí mismas, sino por el Valor en expropiaciones que debió pagar la Ciudad de Buenos Aires (por aquel entonces no autónoma y dependiente del gobierno central argentino) que, para indemnizar a los damnificados y evitar engorrosos trámites judiciales, representó precios inmobiliarios altamente superiores a los que se conocían en el mercado.






En la misma línea de acción política, Cacciatore planeó una importante cantidad de líneas de subterráneos en 1981. Los diarios de entonces publicaron el plano de esa idea de la municipalidad porteña. La mayoría de las letras que hoy aparecen sorpresivamente para identificar a las líneas de subte ya habían llegado a oídos de los ingenieros de las más importantes empresas de construcción argentinas.

En la época en que se dio a conocer el mapa que representaría al futuro flujo de red de transporte y toda esa planificación de subterráneos coincidió, a su vez, con problemas políticos internos de la propia dictadura identificada como “Proceso …” (es pecaminoso escribir la expresión completa).  Por entonces, la actualidad y los temas centrales eran seguidos por la opinión pública, que conocía, por timing natural,  cuáles eran los asuntos más importantes en términos políticos, por lo que no le brindó ni la más mínima importancia a los anuncios referidos al transporte subterráneo porteño.

En el Siglo 21. la idea de identificar con la letra J a una línea que atravesase la avenida Nazca, generó confusión en quienes conocían las normativas de la ciudad, que aún no fueron cambiadas. Es que la letra J correspondía a un subterráneo que circularía por el bajo, más precisamente a lo largo de la Avenida Paseo Colón, con llegada a Avellaneda, cruzando el Riachuelo.

Una la más atractivas planificaciones de subterráneos futuros para Buenos Aires recae en la línea G, proyectada para armar un túnel que una Retiro y  el monumento al Cid Campeador, también conocido como las “7 esquinas”. A juzgar por las líneas que se observan en el plano que nos acompaña, no hay muchos planes para la línea J, pero la G parece ser más pretenciosa de lo que originalmente se pensó, ya que se la vislumbra alcanzando el barrio de Villa del Parque.

La Línea F, que unirá Constitución con Plaza Italia atravesando los subsuelos de las Avenidas Entre Ríos, Callao y Las Heras -sin duda alguna- será una de las mejores inversiones que se hagan en la Reina del Plata en materia de transporte público.

 

Los inolvidables vagones de la línea A.

Los diferentes niveles de densidad del suelo, casi todos entre blando y muy blando, aportan una de las complicaciones actuales para el desarrollo de la fantástica superestructura de trenes que circulen por debajo de la superficie.

Hay áreas y barrios de Buenos Aires cuyo suelo está conformado por lodo puro. Es importante que para encarar nuestro propio criterio en la discusión de un tema cuya importancia envuelve al derecho de millones de personas de viajar hacia y desde sus lugares de trabajo y de estudio, con el objetivo de generar fluidez al tránsito en calles y avenidas, donde, las prioridades sigan siendo la circulación de ambulancias y otros transportes de servicios públicos, tengamos en claro que no siempre una obra puede ser proyectada solamente encima del mapa de nuestra ciudad.

Existen decenas de factores que condicionan la rápida puesta en marcha de cualquier plan, más allá de las ideas personales que cualquiera de nosotros pueda tener y discutido con justa razón: se trata de que todos los que deseamos mejoras para la ciudad de Buenos Aires sepamos con certeza qué es lo que se puede hacer y lo que no.


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