Lunes 21 de mayo de 2018    

El Subte deschava fuertemente las desigualdades

Martes, febrero 23, 2016
Por Marcelo Zanotti
paneles_subte

En el túnel se observan los paneles acústicos, minoritarios en la red de subtes porteños

La maravillosa expresión de Mario Benedetti plasmada en una de sus más bellas y combativas poesías, “El Sur También Existe”, machacada con maestría desde la melodía de Joan Manuel Serrat, no parece ser suficiente como para recordar que es necesario equilibrar los beneficios que se reparten hacia ambos puntos cardinales.

El relegar a las áreas del sur de la ciudad a situaciones de desventaja está dejando pruebas de que parece ser difícil la obtención de una cura. Sin embargo, evidenciarlo permanentemente terminará por desenmascarar alguna vez desde qué sectores se fomenta esa maldita diferencia.

Actualmente, los subterráneos más modernos los ostenta la línea D, lo cual no amerita demasiadas observaciones (o recriminaciones por parte de los habitantes porteños del sur) si no fuera porque las anteriores “unidades más modernas” adquiridas por Subterráneos de Buenos Aires, allá por los 80, se asignaron inicialmente para la línea E en forma experimental. Los permanentes viajeros de subte sabíamos que en la línea D los coches que circulaban desde los años 50 y 60 lo hacían acompañados de un ruido tormentoso mientras circulaban por el túnel, complementándose con otro desagradable sonido vibratorio mientras el tren estaba detenido en una estación.

Unos años más tarde, todo eso cambió. Los vagones “experimentales” que circulaban por la línea de zona sur fueron chequeados correctamente, pasados por visto bueno y trasladados para que comiencen a circular en la línea D, un túnel construido debajo de las Avenidas Santa Fe y Cabildo. De manera que el beneficio de una línea de subterráneos en detrimento de otra, no solamente responde a la elección de las últimas unidades disponibles, sino también del despojo a la línea que circula por la avenida San Juan de los vagones de una generación anterior (que, encima, ya tienen 30 años) aparte de haberle “encajado” los trenes ruidosos que tanto molestaban los pasajeros de la línea que une el centro de la ciudad con los barrios más caros.

La frutilla del postre fue la burlesca instalación de paneles acústicos en los túneles de circulación de subterráneos. Después de ostentosos anuncios suscritos tanto por las administraciones de De la Rúa, Ibarra, Telerman y Macri, pasaron los años y apenas tres o cuatro tramos cuentan con esa mejora que, por supuesto, dos de ellas se montaron en tramos entre estaciones de la línea D; el otro abandónico proceso de aislación acústica recayó en la línea C, Retiro- Constitución.

Lamentablemente tenemos que observar una falta inmensa de criterios para elegir cuales deberían ser los tramos en los que debió haberse instalado la aislación acústica, ya que se trata de una oportunidad perdida para mejorar la calidad de vida de los pasajeros que atraviesan la curva (paradójicamente en la línea “con acomodo”) que existe entre las estaciones Pueyrredón y Facultad de Medicina o bien (aquí sí, la prueba de que todo lo demostrado es inadmisible) la suma ensordecedora de los motores del tren más el chirrido de las ruedas contra las vías en la interminable curva del tramo entre las estaciones Independencia y San José.

Se hace definitivamente necesario que existan personas que hacen sus voces para dejar en claro y conseguir que los funcionarios entiendan que el transporte urbano, al ser utilizado todos los días por millones de personas, merece una prioridad a prueba de discusión. Es tan básico entre los elementos que determinan la calidad de vida de la gente como lo es cualquier aspecto primordial en los presupuestos de los gobiernos.

 


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