Viernes 23 de febrero de 2018    

El Puente Lacarra barre con un siglo de mezquindades

Domingo, septiembre 10, 2017
Por Carlos Allo

Horacio Rodríguez Larreta, y  María Eugenia Vidal recorrieron las obras del Puente Lacarra, junto a Diego Santilli, Franco Moccia y Néstor Grindetti. En aproximadamente un año habrá un  paso vehicular y peatonal que vinculará a la Ciudad con la Provincia en el Partido de Lanús y, según se calcula, beneficiará a más de 500 mil vecinos. Desde el lado capitalino la Autopista Cámpora desembocará en el puente sobre el Riachuelo que podrá llevar y traer el tránsito de las avenidas Coronel Osorio y Manuel Castro, en la ribera Sur, en la Provincia de Buenos Aires.

Los funcionarios de ambas márgenes del Riachuelo destacaron el trabajo conjunto que involucra a la Nación, la Provincia, la Ciudad de Buenos y el Municipio de Lanús.

El Jefe de Gobierno Porteño remarcó que se trata de una obra  muy necesaria que la podemos encarar ahora que trabajamos en equipo” y además señaló que “acá hay muchos trabajadores que hoy tienen su trabajo gracias a esta obra y muchas otras que se están haciendo” en la Ciudad de Buenos Aires.

La cercanía del Centro de Transferencia de Cargas Sur, la nueva Terminal de Ómnibus Dellepiane y la nueva Villa Olímpica para los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018 generan el plus de estímulo para multiplicar la la importancia política y estratégica que se le quiere imprimir a la obra, aunque de no ser por estos complementos, nadie niega la necesidad de un paso de estas características, que espera su realización desde hace décadas.

El Programa de Conectividad Vial del Plan Movilidad Sustentable de la Ciudad de Buenos Aires ya tenía establecido el plan desde hace un tiempo y, por lo que se observa, pronto, en apenas un año, quedaría plasmado el proyecto.

UNA LARGA HISTORIA DE HIPOCRESIAS

La polémica por la eventual realización de puentes que crucen el Riachuelo, acortando la distancia entre el Puente Alsina y el Puente La Noria, viene de muy larga data sin iniciarse la esperada obra que, vista desde el punto de vista presupuestario, nadie habría podido arguír que generaría algún tipo de herida en la arcas de los estados nacional, provincial, capitalino y municipal. Sin embargo, una sospecha de oscuras alas levantó vuelo hasta dar por terminada la opción en la mayoría de la población.

Una parte de la sociedad pasó a fogonear, a partir de 1930 con el Golpe de Estado a Yrigoyen, subiendo la apuesta en 1955, con la Revolución Libertadora y luego con la sucesión de varios gobiernos, incluyendo la gran dictadura de 1976 y los sucesivos gobiernos de la Democracia Definitiva, que generar cruces en esa zona, no fuera del gusto de una porción del Poder en la Argentina. El motivo, de contundente separatismo, hacía notar, sin decirlo públicamente, que se vincularía de manera directa a los barrios de la entonces Capital Federal con asentamientos de profunda pobreza y con precedentes de delito.

Esa discriminación fue naturalizada durante un siglo. Quien esto expresa vivió, durante gran parte de ese tiempo y lo confirmaría en cualquier estrado, en cualquier tribuna y ante cualquiera que lo niegue. Incluso hay nombres y apellidos disponibles de aquellos “fogoneadores”, de los que varios aún están vivos. Lo que vale, hoy, es hacer ese puente. Nos lo debemos. Como tantas otras cosas.

 


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