Jueves 15 de noviembre de 2018  

El convento de San Ramón Nonato

Lunes, mayo 9, 2016
Por Redacción Diario 5

En los años 90, alguien dentro de la clásica forma de administrar los edificios de los viejos claustros de oración, cambió su criterio en el vulgarmente llamado "Convento de la Merced" de la calle Reconquista. Luego vino otro cambio de criterio y otro y otro. Cuando quisieron medir las instancias, el progreso había dejado algunas huellas, pero el histórico jardín central y los antiguos salones se mantenían en pie.

En los años 90, alguien dentro de la clásica forma de administrar los edificios de los viejos claustros de oración, cambió su criterio en el vulgarmente llamado “Convento de la Merced” de la calle Reconquista. Luego vino otro cambio de criterio y otro y otro. Cuando quisieron medir las instancias, el progreso había dejado algunas huellas, pero el histórico jardín central y los antiguos salones se mantenían en pie.

Algunas iniciativas privadas en la Ciudad De Buenos Aires son lo suficientemente interesantes y aportan una buena perspectiva de mejoras para el casco histórico, de tal modo que el trabajo realizado se incorpora plenamente al conjunto global de ofertas de paseos y atractivos porteños. Es el caso del crecimiento o de un centro de reunión tradicional del Microcentro como lo es el Convento de San Ramón Nonato, un lugar clave de la historia de buenos aires desde su protagonismo en las invasiones inglesas, hasta la feria de antigüedades artesanías y variedades creada y sostenida por Carlos Villasuso entre fines de los noventas y la gran crisis del arranque de siglo.

Por entonces ya funcionaba un modesto restaurante en el ala este de las galerías del viejo convento, vecino del local de antigüedades de Carlos, hoy renovado, paradójicamente, a manos de otra especialista en el rubro antigüedades. El ala norte, que en los tiempos de la primera etapa de recuperación del pórtico de planta baja del edificio colonial ya se había transformado en locales de venta de artesanías a los salones mayores, hoy cuenta también con organizaciones gastronómicas que reciben a decenas de personas tanto en su interior como en las misas dispuestas a lo largo de la recova y parte del jardín.

Si no lo marcamos ahora, nosotros, que vivimos el proceso de cambio de ese histórico lugar desde adentro, desde el tiempo en el que en el galpón junto al patio chico tras los portones mayores del viejo acceso a los claustros, donde funcionó el inolvidable taller de carpintería artesanal de Aldebarán Perelló Momberg, correríamos el riesgo de dejar en vacío el recuerdo del gran esfuerzo realizado en los años en que se decidió poner en Valor esa joya porteña.

Hubo voluntad. Los méritos estuvieron repartidos. Algunos sacerdotes influían sobre otros, muchos aportaron ideas; algunas propuestas se acercaban más a las tendencias culturales de la ciudad de Buenos Aires y otras, se entiende, perseguían fines comerciales más directos. Pero para una cosa o la otra, o cualquier objetivo bien planteado, era necesario mejorar aquellas paredes reparar ventanas, en fin, volver a embellecerlo. Hoy luce auténticamente impactante.

Esa vieja puerta de reconquista 267 es arco de acceso de cuanto trabajador de la zona elige para pasar un mediodía en uno de los lugares más agradables de su ciudad. La incorporación eventual de un escenario podría significar el paso al frente de ese histórico jardín de la patria a uno de los primeros lugares del ranking de atracción turística en la Ciudad de Buenos Aires.

 

Carlos Allo


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