Lunes 21 de mayo de 2018    

Buenos Aires por Barcelona

Viernes, agosto 18, 2017
Por Redacción Diario 5

Homenaje de Buenos Aires a Barcelona

Con el atentado suscitado en Barcelona, ahora muchas personas en la Argentina se preguntan si los juegos y videojuegos como GTA no “abren la mente por el culo”. Se trata de un desafío en consola para –virtualmente- atropellar y matar personas, con sus correspondientes imágenes sanguinarias y una carga de morbo que va a contrapelo del casi siempre esforzado trabajo de extirpar a un chico la aparentemente natural tendencia al disfrute que el ser humano experimenta cuando, especialmente en el inicio de su vida, observa de cerca el sufrimiento ajeno sin tener idea de qué se trataría si fuera su experiencia propia.

La verdad es que sí. Decir que no es de una irresponsabilidad tan gigante y una demostración de ignorancia acerca de los factores que afianzan en los niños la repetición de actos que ellos saben, a ciencia cierta, que en este momento están realizando sus pares. Incluso cuando eso no es cierto, por lo que se multiplica el peligro de la existencia de los malditos juegos en los que se incita al participante a autoflagelarse, castigarse o inmolarse. Mierda.

Aunque, ojalá sólo fuera mierda, ya que podríamos limpiarla. Sí, en cambio, lo son sus creadores, usureros de la mente, canallas anquilosados a la mamadera de sus rentas, sostenidas en el criminal aprovechamiento de la docilidad para el consumo de los ignorantes.

No. No es que justo el marroquí que asesinó a los transeúntes de la Rambla de Barcelona fuese un consumidor de GTA contagiado y por eso, imitando los objetivos del videojuego, salió a zigzaguear con una camioneta para arrollar personas.

Ocurre que no es necesario ser tan obtuso para considerar que, porque en este caso el asesino estaba alineado con un plan terrorista, hacernos los tontos con el efecto que, tarde o temprano, terminaremos todos por reconocer acerca de lo nocivos que son los juegos en los que la conducta no sólo parece liberar al jugador de todo control moral, sino que lo invita a ingresar, sin la mirada policial de su Super Yo, en la cabina de comando –imaginario pero “visible”- de una serie de actos perversos que, por tratarse de un proceso que arranca siempre desde el mismo inicio, el participante -en la medida en que el juego no lo asquee- repetirá y repetirá hasta sentir “naturalizado” en su cerebro, el acto de “ir a matar gente”.

Mientras tanto, lo más importante de Buenos Aires: se iluminó el Obelisco con los colores rojo y amarillo, por la bandera de España, en una muestra de solidaridad con las víctimas del atentado perpetrado en Barcelona.


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