Martes 18 de diciembre de 2018  

León Ferrari por Roberto Neira

jueves, diciembre 8, 2011
Por Redacción Diario 5

Un artista porteño que provocó revuelo en la década pasada
LEON FERRARI en
Buenos Aires Multidimensional

Introducción por Carlos Allo

La mirada agnóstica de Roberto Neira fue parte del salvoconducto que construyeron los intelectuales argentinos que no aceptaron que se atacara al pintor cuando su obra causó malestar en el ala conservadora y proeclesiástica de Buenos Aires y el paíss.

León Ferrari nació en Buenos Aires, Argentina, el 3 de septiembre de1920
Se comienza a expresar en dibujos y pinturas en 1946. En Italia trabajó la fabricación de filmes para la cinematografía bajo un contrato en Roma con el Banco Industrial. Aprende a realizar sus primeras esculturas, con Salvatore Meli y consigue exponer en varias oportunidades hasta regresar a la Argentina.

Se instaló en Buenos Aires en 1955 y se dedicó a la ingeniería, el cine y la pintura
Ferrari se desarrolla ampliamente durante más de 40 años en diversas técnicas. Expuso en todo el mundo.
Sus exposiciones “Infiernos e Idolatrías” en el ICI (2000) y “Nunca Más” y “Nosotros no Sabíamos”, del mismo año en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires fueron altamente polémicas y dispararon un aspecto mediático de su figura.

EL ARTE ES UNA PROVOCACIÓN PARA LA MENTE DE LOS DÉBILES

“No hay error más peligroso que el de confundir el efecto con la causa. Considero que es ésta la verdadera perversión de la razón. Y sin embargo, este error figura entre los antiguos y modernos hábitos de la humanidad: ha sido santificado por nosotros y se adorna con los nombres de religión y de moral. Toda proposición formulada por la religión o por la moral encierra ese error: sacerdotes y legisladores de la moral son los promovedores de esa perversión de la razón”.

FEDERICO NIETZCHE

Por Roberto C. Neira*

Toda obra de arte tiene un encanto particular que puede emocionar, conmover, entusiasmar y provocar admiración si se trata de aspectos relacionados con el culto de la simetría. Se venera, pues, inconcientemente la regla y la belleza de la proporción como fuente de toda la dicha que sentimos al admirar una obra. Pero el arte, sobre todo en los tiempos que corren, implica también una atmósfera que puede generar reacciones intempestivas ante la presentación de una obra, sobre todo porque hay individuos que, cultural e intelectualmente, padecen todavía de una buena parte de gérmenes primitivos en su sentido artístico.

Para aventurarse a criticar una creación artística, sea por el motivo que fuere, la discusión no pasa por el arte mismo, sino, por la misión más visible y compleja del artista, que es la de transmitir y describir su sentido de la realidad o de la moral y plasmarlo en su obra.

Confieso que por cuestiones de tiempo no pude asistir a ver por qué León Ferrari cosechó tantos enemigos de la noche a la mañana. Después de todo, no es un político, un criminal, ni un violador, como algunos que andan sueltos por ahí y que ni siquiera son dignos de mención por parte de las mismas víctimas de su “humillante exposición de obras sacrílegas”.

Solo se trata de un artista que trata de ver la realidad desde una óptica que puede o no gustar al público que asiste a su muestra. Pero el arte, por ser arte, no puede discutirse desde una posición política o religiosa. Nadie en su sano juicio criticaría a Picasso por ocurrírsele pintar el Guernica, una obra que testimonia crudamente las terribles consecuencias de la guerra en España.

De modo que, sin haber visto otra obra que la que se exhibe en la foto de esta página, descubro su verdadero sentido y esto, por lo menos para mí, supera cualquier duda que tenía respecto a la obra artística de León Ferrari.

Una simple interpretación de la obra

La imagen de Cristo crucificado sobre las alas en cruz de un caza de EE.UU. no deja lugar para las dudas. Es una demoledora y alegórica visión de Ferrari contra la muerte que está sembrando la invasión norteamericana a Irak y, al mismo tiempo, denuncia a la misma corporación que -según dice la Biblia- incidió para que Jesucristo fuese crucificado.

Cuando en una carta de lectores del diario Clarín leo que alguien afirma que quienes defienden la obra de León Ferrari jamás se atreverían a hacer algo parecido con los musulmanes, seguramente recordando a Salman Rudshie, autor de “Los

versos satánicos”, amenazado de muerte en incontables oportunidades, pensé que,

por el contrario, si Ferrari, hubiese representado a Mahoma o Alá montados sobre un avión comercial enfilando hacia las Torres Gemelas, es posible que hubiese sido declarado ciudadano ilustre en los países árabes. De esto resulta que, naturalmente, lo malo para unos puede ser bueno para otros… El viejo enfrentamiento, entre el bien y el mal, sigue vigente todavía.

Preguntas y más preguntas…

Es frecuente que no obtenga respuestas a las preguntas que realizo a menudo a quienes publican sus críticas en los distintos medios de comunicación. ¿Será, porque no las tienen?. No importa, mi testarudez me obliga a seguir insistiendo.

¿Es posible que no puedan percibir el sentido real de la alegoría de Ferrari aquellos que en los últimos tiempos se consideran víctimas de ataques contra la Iglesia, Cristo, el Espíritu Santo, la Virgen María y otros símbolos de la cristiandad?

¿Cuál es la irrespetuosidad que exhibe la imagen de Cristo crucificado sobre un caza norteamericano y no en aquellas imágenes que por millones (cuadros, pinturas, estampas, afiches y otros) son vendidas para lucrar con ellas?

Y en cuanto a la vida personal del artista…

¿Qué tiene de malo que León Ferrari se promocione, que quiera vender sus obras?

¿Es para algunos el arte un oficio menor?

¿Todos los artistas deben culminar su vida como Van Gogh, Modigliani y tantos otros que murieron pobres y enfermos?

Y para otros que viven (y muy bien…) de la fe y los sentimientos de la gente.

¿Por qué hay tantos predicadores que lucran con la fe y la esperanza de la gente a través de la religión?

Sería bueno saber qué piensan los que tan livianamente pretenden censurar todo aquello que no pueden entender.

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* Roberto C. Neira es docente, escritor, periodista y fotógrafo. Actualmente edita el semanario electrónico “Crónicas del Pensamiento” y colabora también con numerosas publicaciones nacionales y extranjeras. Es director del Departamento de Prensa de la agencia SIGMA KAPPA y corresponsal de la revista alemana “Report”.


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