El porteño como anfitrión I | Diario 5
  Martes 21 de agosto de 2018    

El porteño como anfitrión I

Jueves, julio 27, 2017
Por Redacción Diario 5

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Para muchas personas, la condición de turista es la más pretendida de toda su vida. Traducido, es que viajar puede ser el placer más grande.

El viajero siempre espera que a la hora de pretender identificar un edificio, encontrar una calle, ubicarse en su destino turístico, haya personas dispuestas a facilitarle las cosas.

Un poco por educación y cierta tendencia a disfrutar de los placeres de la variedad y el de sentirnos siempre viajeros, aunque no hayamos viajado demasiado, es que los porteños somos buenos anfitriones. Salvo olvidables excepciones, se puede ver a los turistas con ojos de sorpresa frente al entusiasmado y hasta exaltado interlocutor que procura explicarles aunque sea en portuñol o spanglish cuál es el camino que deben tomar para llegar a tal o cual museo o feria.

Alguna vez se hicieron campañas publicitarias intentando apenas chequear esta realidad; de verdad no se conocía de qué manera en Buenos Aires se podía, globalmente, tratar con el turismo del modo como se lo conoce hoy, una etapa en la que la industria turística alcanzó su máximo poder, más allá de encontrarnos en los últimos meses con una reducción visible en la actividad y que preocupa en varios ámbitos, como ya lo tratamos hace un tiempo en la primera entrega sobre el tema turístico en Diario 5.

Una vieja discusión, mezcla de ideológica y sociológica, nos ubica a los porteños en condición de “cholulos” frente a la mayoría de los signos extranjeros, especialmente provenientes de Europa o los Estados Unidos, sea por cuestiones tanto políticas como sociales, incluso industriales: más allá de la realidad insoslayable de que las manufacturas argentinas no pueden competir con las altas industrias del mundo, es cierto que en nuestro ámbito nos encontramos con muchas personas que se jactan de ello y aplican burlas parándose en un lugar en el que uno desconoce de qué lado está. Sí, es verdad, son personas con tendencia extranjerizante; pero van más allá de ser cholulos: en los años de la política caliente entre el 45 y el 75, se los llamaba cipayos.

Más allá de las excepciones, el porteño es amante de su urbe y lo transmite. Por eso es que cuando nos paramos a distancia a ver esa escena del turista sorprendido y divertido frente a un lugareño dela Reina del Plata que se desvive por satisfacer su necesidad de información, confirmamos que el crecimiento turístico argentino de la mano dela Ciudadde Buenos Aires no podrá ya detenerse si en el mundo se transmite a voces en eco nuestra capacidad humana.


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