Miércoles 19 de septiembre de 2018  

Autoría y cultura de reconocimiento, respeto y tributo a creadores II

Jueves, abril 13, 2017
Por Carlos Allo

Cuando se sabe que una obra tiene un autor, no existen dudas. A los autores hay que respetarlos 100%. Es un enorme acto de ignorancia y una mayor falta de consideración el pregonar y difundir que “se dice” que el autor fue otro porque la interpretó y se hizo conocida.

Aunque decenas de miles de imbéciles* publiquen graciosamente en internet frases con la preposición “de” entre el título de una canción y el nombre de un artista que la interpreta, sin pensar, presentir ni interesarse en que la creación se le debería atribuir a otro nombre (muchas veces desconocido para el gran público), el crédito de autoría no va a cambiar. La manada de brutachos podrá publicar -como marcábamos en una referencia anterior- miles de veces la frase “Diablo y Alcohol de Ricardo Montaner”, que no podrá quebrantar la realidad de que  Diablo y Alcohol es de Silvina Garré. Los propios intérpretes deberían ser un poco más generosos en sus conciertos y vociferar los nombres de autor y compositor con menos prurito. Mercedes Sosa fue un emblema de esa reivindicación: decía el nombre del autor mientras sus músicos interpretaban la introducción de cada tema. La negra les salvaba la ropa hasta a los locutores de radio. Juan Carlos Baglietto lo hace. También, Sandra Mihanovich, Jairo, Guillermo Fernández y la mayoría de los cantantes de Tango (no mencionar a Troilo y Manzi cuando se canta Sur frente a una audiencia importante es, como mínimo, inelegancia).

Casi nunca el problema proviene de los artistas, sino, más bien, de quienes hablamos de ellos. Esta maraña de reconocimientos equivocados de autoría suele producirse también cuando los intérpretes también son afamadas firmas de propiedad intelectual: Por más que millones atribuyan “Please Mr Postman” a los Beatles -porque ellos la llevaron a la fama- la realidad de que la canción es de Georgia Dobbins, Brian Holland, Robert Bateman, Freddie Gorman y William Garrett no va a cambiar jamás, incluso tratándose de una interpretación a cargo de los más inconmensurables creadores de canciones populares del Siglo XX. No importa.

Parece mentira que esto haya que explicarlo. Hay gente que no entiende qué significa ser autor. Son esas personas que no necesitan hacer ningún esfuerzo para confundir realidad con ficción (una de las grandes tristezas del hombre civilizado) y consideran, sin acomplejarse, que el actor de la novela que están siguiendo a diario en TV, está viviendo en carne propia todas las circunstancias que en pantalla se evidencian en su personaje. Poca es la distancia existente entre esta ensalada mental y el ser un troglodita.

Un famoso caso raro es que planteamos a continuación y que nos deja con pocas energías para la defensa del titular de autoría y composición de obra en los documentos. Es que cuando expresamos que casi nunca el conflicto emerge de los artistas, nos encontramos con una antigua y singular discusión. Es necesario aclarar que a partir de ciertos canales de la red, la resignación acerca de la goebbelsiana “Miente, que algo queda”, se impone ante quienes defendemos el reconocimiento al creador de obra. La famosísima canción venezolana “Moliendo Café” es reconocida como escrita por el músico José Manzo Perroni y popularizada en 1957 por un acordeonista llamado Hugo Blanco, sobrino del compositor. Parece que, al paso del tiempo, la popularidad de Blanco en Venezuela lo ayudó a levantar su voz autorreivindicándose como dueño de la inspirada melodía. Las redes, hicieron el resto. El facilismo con que, en algunos foros de internet se trata la insolucionable confusión habitual de dar por autor a quien sólo interpreta, se suma a la permisiva línea de “redactores” de conceptos inadecuados que aceptan que la asignación errónea de los créditos siga teniendo lugar: En Yahoo Respuestas, alguien preguntó: “Quien es el autor (…) de la cancion “MOLIENDO CAFE” y de que país es? Aparece como “mejor respuesta” una que dice: “Jose Manzo Perroni fue el autor de la cancion Moliendo Café
pero se dice que es de Hugo Blanco porque fue el primero en interpretarla … y es de nacionalidad venezolana (…)”. La respuesta es correcta, aunque si cerraba antes del “pero”, habría resultado perfecta. De ahí en más, comienza la degradación. Hay quien responde: “Excelente compositor y orgullo de Venezuela, Hugo Blanco. Cuando la compuso era menor de edad y como no podia registrar su autoria. Su tio Jose Manzo Perroni (musico y compositor tambien) fue quien la registra como suya.”. ¿Perdón?

El encuentro con semejante afirmación, fue un sacudón de esos que quedan vibrando por mucho tiempo. ¿Es verdad eso? ¿Las leyes avalaron que un chico perdiera el derecho real de defensa de su propiedad intelectual, por ser menor de edad? ¿Cúal es el criterio? ¿Crear es exclusivo para mayores? Más allá de las miles de posibilidades que encontramos para repudiar la eventual existencia de una normativa de esa índole en la Venezuela de fines de los años 50, la versión original de Hugo Blanco pasó a quedar en el olvido, ya que la bella Moliendo Café fue sucesivamente grabada en todo el mundo al paso del tiempo por tantos artistas, que hoy se conocen unas 800 versiones, muchas por artistas de inmensa fama. Como las regalías de las ediciones discográficas comenzaron a apagarse para Don Hugo, quien, en sentido inverso, veía crecer la caja de los Derechos de Propiedad Intelectual de la canción -en manos de su tío José- el ídolo de la canción venezolana salió a embarrar la cancha, aunque sólo sea por el botín del reconocimiento público.

A contrapelo de las regalías por grabaciones de discos, recaudación por conciertos y contratos especiales de artistas con diversas marcas comerciales, los derechos de propiedad intelectual suelen parecer imperceptibles. Hasta que pasan a ser rentables para quienes puedan heredarlos o apropiarse de ellos. Vale esta lupa puesta en quienes nada tienen que ver con la creación de obras artísticas pero que son hijos de quienes las concibieron, ya que en el caso del viejo litigio por Moliendo Café, los contendientes originales están fallecidos pero la discusión sigue. A nadie le van a hacer creer que se trata de pretender salvar el honor de sus padres.

 

*Es un eufemismo ante semejante caso especial de ignorancia. Es demasiada la gente asegura “no haber pensado” en la diferencia de ser intérprete, autor o contar con ambas virtudes.

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