Lunes 21 de mayo de 2018    

Recién cuando dobla la bisagra, se nota algún cambio

Jueves, febrero 9, 2017
Por Marcelo Zanotti
Manifestación con muchos conceptos confusos

Manifestación con muchos conceptos confusos

Tener “soberanía sobre sus cuerpos”. Ése fue el reclamo que un grupo de mujeres llevaron al Obelisco el miércoles 8 de febrero. Varias de las chicas que se manifestaron pertenecen al remanido colectivo del cerebro argento, producto de una indefinida cantidad de ingredientes culturales amorfos, como:

  • Ser hijos de padres que provienen de la represión de los colegios religiosos y las dictaduras pero que quieren ser modelos de la filosofía Prosope Nocomihi*, que los ubica -falsamente- en la vanguardia fresca del librepensamiento proactivo y, a regañadientes, las estimulan a manifestarse al descubierto “por el avance de una sociedad retrógrada”.
  • Considerar que, en el entusiasmo de exhibirse a nivel urbano todas juntas, se repetirá la osadía en balnearios masivos, cuando se trate de una cantidad reducida de toplessers.
  • Tener tan poca capacidad de discernimiento que algunas jóvenes tetaceras -y otras, no tan pendex- crean que los encuentros simultáneos del Obelisco y otros puntos del país tienen la misma jerarquía que las manifestaciones “Ni Una Menos”, contra la violencia de género.
  • Confundir tanto los tantos que permitan que a la protesta se le sumen grupos proaborto y las politiqueras tradicionales con sus cánticos y banderas y no tener la valentía de apartarlas o echarlas del encuentro masivo, como sí lo hicieron con los varones curiosos, a quienes, a modo de “seguridad paralela”, las más envalentonadas y dotadas de fuerza física hasta llegaron a alejar a los empujones y golpes a algunos “Ícaros” que, por acercarse demasiado, se los eyectaba de la zona al grito de “pajeros”.

La posición equilibrada en estos casos, es difícil encontrarla en la Argentina cuando la gente se manifiesta por algo. Toda manifestación es excesiva, digna del teatro griego, en el que siempre entre los personajes se comete Hibris, el símbolo de la desmesura. Ya no le sumaremos el ferviente deseo que un inmenso sector de la sociedad da pruebas tener, de querer protagonizar algo que los proyecte con cierta (o mucha) notoriedad frente a otros. Esos otros ya no son su grupo de influencia, en el que, quizás podría estar la persona a la que se desea impresionar, para que sea la presa de conquista. Hoy, se busca reconocimiento -aunque sea por rutas indignas- para paliar angustias. Consultamos a Gabriela de la Cruz, quien, con el enfoque más atinado que encontramos, se preguntaba: “¿es necesario exhibirse para pedir respeto?”. La locutora y periodista, de un modo cercano a como lo entendemos nosotros, reflexiona: “estar desnudos no nos hace libres. Creer eso es primitivo“.

La manifestación en el centro porteño llevaba, entre sus consignas, que las mujeres puedan “disponer de su propio cuerpo” y “reclamar un cambio cultural para no ser consideradas un objeto”. Estas premisas, tan globales y pasibles de caer en confusiones, se dispararon por el accionar policial ante el topless de tres turistas en Necochea. Hay que tomar en cuenta que la normativa no lo permitía, más allá de la chicana ridícula de que fue sancionada en 1973, durante un gobierno militar. Por lo tanto, los canas hicieron cumplir un reglamento vigente, cosa que al argento merdio no le gusta. Es el famoso desapego del argentino por la norma.

La mezcolanza de conceptos que rodeó al Tetazo llegó a la cúspide de la irresponsabilidad al incluír la frase “la única teta que molesta es la que no se puede comprar”, bastardeando, de ese modo, la lucha por encarrilar hacia la justicia la tendencia al acoso sexual y el abuso de poder por parte de superiores en empleos y actividades donde el personal jerárquico pretende imponer una posición dominante por sobre una mujer, incluso cuando es subalterna en los rangos de jerarquías militares y policiales.

Por último, se observan dos tipos de participantes en estas manifestaciones -las que requieren de una militancia de alta conciencia para conseguir respeto- que no logran comprender la esencia del reclamo y van a divertirse, unas y a provocar conflictos, otras. El cambalache cierra con las mujeres que se manifiestan en defensa de la exposición de los senos al aire en los balnearios, pero pretendiendo un efecto que las libere de incomodidades a la hora de tener que amamantar a un bebé en lugares públicos.

Mezclar los derechos y reclamar por todos ellos al mismo tiempo aprovechando un hecho menor, es perder terreno. Las militantes creen que no. Si en esta opinión tuvieran razón sería una buena noticia. Por ahora, hay muchas personas sorprendidas por lo intrascendente de esta movida, incluso referentes sociales de cierta notoriedad. Estos resultados no se ven de la noche a la mañana. Requieren de tiempo y recién cuando se dobla la bisagra, se nota claramente algún avance. Mientras tanto, apenas se percibe que se pelea por algo importante. El Tetazo no parece ser la bisagra de nada.

 

*Progresismo Social pero no con mi hija

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