Miércoles 19 de septiembre de 2018  

La Buenos Aires de Oro

Miércoles, julio 26, 2017
Por Redacción Diario 5
Desde Plaza de Mayo, un colectivo y la Catedral de fondo, en 1921

Desde Plaza de Mayo, un colectivo y la Catedral de fondo, en 1923

Es, probablemente, el paradigma americano de simultaneidad de crecimientos, tanto urbano, como económico y cultural. De hecho, aunque Boston iba adquiriendo un bellísimo aspecto inglés, no crecía al ritmo neoyorquino en su performance edilicia y la Reina del Plata, casi. Aquella Buenos Aires de 1920 se jactaba, especialmente por su arquitectura, de una cierta hermandad urbana con las más notables ciudades europeas.

La jactancia llegaba muy lejos en la graciosa letra de este tango de Héctor Marcó, “Juan Porteño”: “ este siglo es de locura, de robot y escaparate, Buenos Aires sigue el ritmo de parís y Budapest”. Y era verdad: aquel 1908 con la inauguración del teatro Colón y ese 1936 que abrió las elegantes diagonales y puso un sello definitivo con el obelisco fueron las dos puntas de una etapa en la que la reina del plata se sintió imparable en su crecimiento.

Se desprendía de cualquier otra capital de América latina. Dicho sea de paso, este detalle causó muchos problemas en el crecimiento cultural de muchos argentinos, que se creyeron que estaban en Europa, de verdad. Afortunadamente estamos viviendo en una etapa en la que las estúpidas soberbias de una época van mermando con el paso del tiempo, la madurez de la democracia, y la lucha permanente de los que piensan en todos en contra de lo que piensan por y para unos pocos.

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Tranvía porteño en los años 20

El tema es que hubo un par de décadas de una muestra de
esplendor sorprendente en lo que ya hacía tiempo había dejado de ser solamente un casco ur
bano en derredor de la Plaza de Mayo, San Nicolás, Retiro y Recoleta. Aparecían importantes construcciones, fuentes, en los barrios y zonas más alejadas. Cierta calidad de vida (esa que hoy perseguimos y queremos recuperar) se vislumbraba por entonces tomando en cuenta que se accedía a aquellos puntos de la nueva elegancia porteña con simpáticos, efectivos, prácticos y veloces tranvías. Si bien es el transporte también era un émulo de las grandes ciudades europeas, el tranvía y las primeras construcciones para el subterráneo adoptaron por entonces un estilo original, marcadamente porteño.

La red eléctrica de transportes que incluía subte, tranvía y trole cumplía con creces la necesidad de cobertura y llegadas a puntos alejados del centro o recónditos de la ciudad. Es fantástico poder jugar con la documentación. Los tangos y las canciones populares aportan una buena cantidad de ellos. Ciertas pérdidas sufridas por los porteños están hermanadas con situaciones similares vividas por los habitantes de otras ciudades. Es el caso de Córdoba, que en la canción de Ricardo Arrieta “Córdoba de antaño” expresa en un muy conocido pasaje dos. “recuerdas buena amiga los años juveniles, la Córdoba de antaño de mi primer amor y aquel tranvía nuestro que se llevó el progreso en el que tantas veces viajábamos los dos”.

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Antiguo tranvía en Córdoba

Arrieta estuvo exquisito al expresar la pérdida como lo hizo; su ya eterna canción ganará con el tiempo mayor belleza y sabiduría. El problema es que a “aquel tranvía nuestro” no se lo llevó el progreso como nos creímos todos en aquel entonces, sino todo lo contrario. A contrapelo de aquellas décadas de crecimiento de Córdoba y orgullo por el esplendor de una buenos aires que fascinaba tanto por su juventud como por su lejanía de los conflictos sangrientos de Europa, lo que vino y sobrevino a la década del 60, justo cuando se debía afianzar y capitalizar definitivamente las bases creadas para una Argentina moderna, se optó por lo contrario. Lo curioso del caso argentino es que tuvo un arranque en su crecimiento a manos de una prolongada seguidilla de gobiernos conservadores entre fines del siglo XIX y principios del XX. Las apariciones de gobiernos populares como los de Yrigoyen y Perón procuraron establecer diferentes bases políticas sobre lo ya existente pero nunca llevando el hacha a golpear la base del árbol. Finalmente fueron los mismos sectores del universo conservador los que fomentaron el pase al desguace de la mayoría de las estructuras industriales dela Argentina, casi todas de producción propia y entre las que se encontraban las plantas de fabricación de vagones para tranvías.

Con este, iniciamos la serie de reportes que se identifican como “ aquella Buenos Aires”. Por supuesto, han sido muchas “las Buenos Aires” que fueron existiendo a través del tiempo y que nos pueden traer alguna añoranza. No se persigue con esta saga ningún mar de lágrimas de la nostalgia, sino que sentimos trabajando pos de aportar a la calidad de vida en una ciudad en la que cada vez somos más millones de personas conviviendo.


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